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Perro ladrador...


Andábamos paseando por el marjal del Grao de Castellón mi padre y yo una fría mañana de diciembre de hace muchos años. Tantos, que yo aún era un crío. En aquel tiempo solíamos acudir muy a menudo a pasear por los estrechos y terrosos caminos que forman un sinuoso laberinto entre las acequias que dominan el paisaje del marjal. El marjal es un sitio feraz, breve y exuberante de flora y fauna. En las estancadas aguas de las acequias atestadas de verdín, nadan libres y felices los diminutos jaramugos (samarucs en valenciano), croan alegremente las ranas saltarinas, y revolotean miríadas de insectos volanderos. En cada recoveco, una alquería. Y en cada alquería un perro ladrador que alerta de nuestra inofensiva presencia.
Al doblar un camino advertimos una alquería que tenía la valla abierta. En su interior había un perro faldero que, atado a un árbol, se desgañitaba en agresivos ladridos, que iban sin duda dirigidos hacia nosotros. ¡Caramba con el perrito! ¡Qué furia! ¡Qué violencia! Es verdad que era pequeñito, pero a nosotros nos imponía serio respeto aquellos desgarrados ladridos. Menos mal que está atado, pensé. De lo contrario este animalucho sería capaz de atacarnos. Nos quedamos mirándole. Cada vez ladraba con más rabia. Nosotros, protegidos por la seguridad de la cuerda que ataba al chucho, nos sentíamos al margen de su ira. Y, no sé si por morbo, o por alguna otra cosa, seguimos allí, delante del perro, a escasos metros de él. El perro ladraba, gruñía sin parar y daba saltos inútiles en busca de zafarse de su atadura. Sus afilados dientes, que daban dentelladas al aire, aparecían recubiertos de blanco espumajo. Aunque era pequeño, daba miedo, la verdad.
Y de pronto, sucedió. La cuerda que ataba al perro se rompió, y el perro quedó libre.
No sé si nos sorprendimos más nosotros o el perro. Nosotros quedamos helados, quietos y muertos de miedo. Esperando el inmediato ataque del perro. Pero el perro también se sorprendió. Quedó serio, callado, y, súbitamente, dócil, como desarmado. Echó una rápida mirada hacia nosotros, luego miró la maltrecha cuerda que le sujetaba hasta que se rompió, y después de esto, dio media vuelta, y chillando amargamente como si alguien fuera a pegarle, huyó y desapareció entre el espeso follaje del marjal.
Mi padre y yo nos quedamos quietos, atónitos… y aliviados.
Entonces, mi padre, con grave semblante, recuerdo que dijo estas palabras, que en su momento no entendí y que ahora creo entender:
-¿Te has dado cuenta, Miguel? Se ha comportado como muchas personas…

30 comentaris:

Lourdes ha dit...

Es que el perro tb estaba seguro con su cuerda, como diciendo:-"Porque estoy atao, que si no, os íbais a enterar"-. Y claro, cuando la cuerda se rompió ya no había nada que lo sujetase y debió pensar:-"Y ahora, ¿qué hago? Si yo tengo más miedo que ellos..."-.

Vamos, que sí, real como la vida misma.
Cuando tienes un impedimento para hacer las cosas, te desgañitas intentando quitar de enmedio ese impedimento, y pensando que no puedes porque ese algo te lo impide.
Pero cuando el impedimento desaparece, ya no hay excusas y aparece el miedo.

Vamos, es la interpretación que yo he visto en tu entrada, que por cierto, me ha encantado.
:)


Besos, Miguel!!

Joselu ha dit...

Creo que Lourdes lo ha explicado certeramente. No puede hacerse mejor. Las personas agresivas tal vez son las más inseguras. Sólo esperan detectar el miedo en los ojos de la otra persona, y entonces atacan con saña. Si el otro les responde y no se arredra, están en un buen problema. Si vosotros hubierais huido, probablemente el perrillo se hubiera seguido sintiendo seguro y hubiera continuado ladrando con agresividad. Un buen paseo con tu padre. Siento haberte pisado el tema, pero seguro que puedes reenfocarlo con tu habilidad habitual. Un abrazo.

Yolanda ha dit...

Miguel, qué bonito que recuerdes algo aparentemente tan insignificante después de tantos años. Es una de esas escenas que cobran sentido con el paso del tiempo. Quién sabe por qué se te quedó tan grabado el detalle del perrillo amenazante, pero lo más jugoso fue la observación de tu padre. Es cierto que hay personas que enseñan mucho los dientes y nos hacen temblar, pero si les plantas cara se achantan y no sirven para nada. Es gente tremendamente insegura que se sirve de su poder sobre los demás para afianzar su inestabilidad. Son crueles sin necesidad (como si la crueldad fuera alguna vez necesaria) y se ceban con los que consideran más débiles. He conocido unos cuantos así y no siempre he sabido reaccionar como hago ahora. Cuesta aprenderlo, pero se consigue. Ya me he mordido la lengua demasiadas veces. No se trata de ser valiente o cobarde, es otra cosa. Yo crecí, más que con el respeto, con el miedo a la autoridad y a los jefes. Era muy buena y obediente, bastaba que mi padre me mirara para que hiciera lo que él quería. Ahora sé que una cosa es la obediencia, muchas veces necesaria, y otra la sumisión. Los chavales hoy son todo lo contrario, la inmensa mayoría se enfrentan con cualquiera, ahora son ellos los que enseñan los dientes e incluso muerden sin que medie provocación. Tú que tratas con adolescentes lo sabes muy bien. Me pregunto cómo hemos llegado al otro extremo del péndulo. Ya tienes tema para otro post.
Un abrazo, colega. ¡Dos semanitas, y vacaciones! ¡Hurra!

Anònim ha dit...

Interesante post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

Belén ha dit...

Bueno, es que muchos perros si se ven protegidos, aunque sea con una cuerda, se ponen muy gallitos, pero si ésta se rompe... uy, si, tu padre tiene razón... se comportan como muchos humanos...

Besicos

Vane ha dit...

Cuánta razón tenía tu padre! Eso pasa a mucha gente, no sabe entender bien la libertad!
Besines

Miguel ha dit...

Lou: Efectivamente, eso pienso yo. Esta es la lectura que yo hago de la actitud del perro.

Joselu: A veces, los impedimentos provocan una falsa seguridad, que cuando se suprimen, brilla con todo su esplendor, y en este caso, la inseguridad se convirtió en miedo.
Por lo que respecta al tema que me has "chafado", te diré que ha sido una puñetera casualidad. Porque justo este tema, el de los caramenlos (bueno, en mi caso son bombones) lo tenía preparado para publicarlo ahora mismito, y leo en tu blog, lo mismo. ¡Qué casualidad, de veras!. Bueno, lo dejaré y lo publicaré dentro de un par de meses.

Yolanda: Como siempre, un placer leer tus comentarios. Poco que añadir, pues estoy toalmente de acuerdo contigo. Una cosa es la sumisión, que no es deseable y otra, lo que pasa hoy en día. Me has dado una idea, puede que pronto escriba un post sobre ese tema.

Anòmimo: Bueno, no es necesario estar de acuerdo con todo al cien por cien. No pasa nada por disentir.

Beleén: Muchos humanos, a veces, parece que estén atados por la cuerda y en ella se escudan para sus bravatas, esto es cierto.

Vane: A lo mejor es eso, que no saben distinguir bien la libertad, y se encuentran mejor, atados.

La Vero ha dit...

Pues creo que es el reflejo de la realidad. Cuando no se puede, o se tiene certeza de que no va a pasar nada, se es capaz de todo. Pero amigo, cuando se puede... aquí no ha pasado nada!!!

Que palabras más sabias, por cierto.

Saludos!!!

Miguel ha dit...

La Vero: Yo creo, Vero, que la realidad es la que nos asusta.

V ha dit...

Me choca que el perro se sintiese seguro estando atado e indefenso al no estarlo. Lo lógico hubiese sido lo contrario, ¿no?
Tal vez es que atado y ladrando no se le acercaba nadie, pero al verse libre y teniendo que enfrentar realmente a lo que tenía delante, apareciese el miedo.
No sé, me da la impresión de que le daba más miedo andar libre que lo contrario. Y sí, se parece mucho a la conducta de los humanos al respecto. Y me da pena pensarlo tal cual, la verdad :(

Besos, Miguel.

María ha dit...

... poco mordedor" quise terminar la frase del título, Miguel, porque es una frase que yo la utilizo muchas veces en la vida diaria, y se lo pongo de ejemplo a mi hija, que las personas que parece que se van a comer el mundo a enfrentarse y gruñen a los demás, son los que menos se atreven por su debilidad e inseguridad, y en cambio, al revés, es todo lo contrario.

Recuerdos de tu pasado que nos invitaron a la reflexión, Miguel, y me encantó que los compartieras.

Un beso.

cristal ha dit...

Claro, mientras se encuentran seguras parapetadas detrás de su apariencia, se permiten el lujo de mostrarse agresivas, desafiantes...; pero, si de repente, algo imprevisto les hace perder esa seguridad, o esa compostura, se vuelven como el perrito ese del marjal y huyen despavoridas, con el rabo entre las piernas.

Un abrazo, Miguel.

María ha dit...

¡¡Cuantísima memoria tienes MIGUEL!!

Verás, la actitud de este perro se parece si y no, a la de los humanos. En realidad cuando el perro os ladraba atado no hacía otra cosa que su trabajo, que no es otro que proteger su territorio de los extraños, asustar y amedrantar con sus ladridos. Los perros como todo animal, son puro instinto, la cuerda suplía su falta de envergadura, es decir, sólo pareciendo fiero de verdad ya le llegaba para cumplir su misión y de hecho, vosotros os quedasteis parados frente a él, pero no avanzasteis cara a él ¿qué ocurrió cuando la cuerda se rompió? jajajaja ¡¡pobre!! su careta se le cayó, en realidad su poco tamaño frente a vosotros dejó ver que efectivamente, seguramente os tendría más miedo él a vosotros, que vosotros a él.

Te aseguro que si hubiera sido un doberman, un pitbull o cualquira de estas otras razas de ataque, la historia no hubiera tenido el final feliz que cuentas.

Y efectivamente es cierto, que ciertos humanos inseguros y en realidad débiles, utilizan su agresividad, para proteger su territorio, sus posesiones a falta de mejores argumentos, cuando su contrincante descubre esto, se ven perdidos y casi siempre reculan, pero también hay dóberman entre los humanos... así que con cuidadín en el próximo paseo, mi querido MIGUEL.


Muchos besos y feliz finde

Miguel ha dit...

V: Muchas personas se sientes seguras cuando no están libres. Y miedosas cunado se ven en libertad. Igual que el perro. Les da miedo la libertad.

María: Así pasa. Las personas que dicen siempre lo que piensan no suelen ser peligrosas, en cambio aquellas que se callan su manejos...

Cristal: Es la realidad la que de pronto se les aparece, y entonces se asustan. Tienen miedo, y retroceden. Como el perrito.

María: Sí, sí, iré con cuidadín en el próximo paseo. Que, por cierto, lo he realizado esta mañana con mi hija y su perrita, y, curiosamente, un perro pastor alemán nos ha alejado de nuestro recorrido por los huertos de Castellón. En otro orden de cosas, te doy la razón. También hay dobermans y pitbulls entre los humanos... ya me entiendes, y contra estos, no hay cuerda que valga...

TORO SALVAJE ha dit...

Quizás ladraba de miedo.
Para protegerse de vosotros.
Por eso huyó.

Saludos.

Miguel ha dit...

Tor Salvaje: Eso pienso yo, que ladraba por miedo, porque sabía, que, atado, no había lucha posible, pero al sentirse libre...

LOLI ha dit...

Que bonito recordar las sabias palabras de un padre.

Yo recuerdo que era bien pequeña cuando mi padre me dijo: "Tu peor enemigo es tu mejor amigo"
Imaginate como me quede...pensé como va a ser mi enemigo mi amigo? Cuando ya fui mayor lo comprendí claro.
Como se nos queda grabada estas frases ,verdad?

Un besazo y uno especial de parte de Aaron ;)

Diana Puig ha dit...

Una historia que ayuda a reflexionar de qué forma muchas veces nos comportamos, realmente todos estamos atados algunas cosas, ya pueden ser situaciones, personas, esa atadura que puede ser una dependencia a veces incluso no fácil, al mismo tiempo es lo que puede hacerte sentir más seguro.
Así somos Miguel..
Un abrazo amigo.
didi.

Diana Puig ha dit...

El anónimo que te dice que no está de acuerdo contigo al 100%, alerta, yo tengo uno igual, desconfia, puede ser una "bacteria" de esas que a veces tenemos por desgracia en nuestro ordenador.
didi.

cactus girl ha dit...

Efectivamente Miguel..

Los "voceras" que mas ruido hacen son los que menos miedo me dan.

Es mucho peor la gente silenciosa, a la que no ves venir..

Un beso y que pases un buen domingo

Novicia Dalila ha dit...

No sé. Me cuesta creer que los animales se ponen caretas de manera consciente. Porque yo pienso que en los humanos "ladradores" eso no es más que un disfráz para disimular sus inseguridades y sus carencias, pero en un animal, que es todo instinto... quisiera pensar que es cualquier otra la razón que le hizo cambiar de actitud al verse libre...

Un beso, Miguel

Miguel ha dit...

Loli: Pues es una frase para pensar esa de tu padre. Con el timepo, las dudas infantiles se didsipan.

Didi: Sí, aunque parezca paradógico, las ataduras nos hacen sentir más seguros. la libertad, todo lo contraio.
Tomo nota de lo del anónimo.

Cactus Girl: Estoy de acuerdo, lo del perro ladrador es perfectamente aplicable a las personas.

Novi: Sí, yo también tengo mis dudas sobre la auténtica finalidad de la reacción canina, pero lo cierto es que a mi padre le recordó conductas humanas, y es cierto.

Recuerdos perdidos ha dit...

Muy bonitos recuerdos.
No debemos olvidar que el ser humano es en su origen animal. Luego es muy acertado ver en el comportamiento de este perro un comportamiento humano.
Un saludo.

Antonio ha dit...

Pues sí, Miguel; ahora estamos leyendo en 2º de ESO un estudio sobre acoso escolar y en él se menciona que la mayoría de acosadores son inseguros y se suelen apoyar en el grupo para obtener la seguridad de la que carecen. Otro ejemplo es el de los chihuahuas, que siempre están ladrando desde los brazos de sus amos y amas :-)

Temujin ha dit...

Pudiera ser, que para ser verdaderamente libre hay que ser valiente o que la libertad no la construyen los cobardes.Interesante articulo.

Miguel ha dit...

Recuerdos perdidos: A lo mejor es eso; nuestra ascendencia animal.

Antonio: Sí, pudiera ser que la inseguridad sea la causante de esta falsa valentía de los acosadores. Me gustaría verlos a solas, sin esa cuerda que les ata.

Temujin: La libertad, efectivamente, es cosa de valientes, no de cobardes.

Marinel ha dit...

Toda la razón para tu padre.
Hay tantas personas ladradoras,engallonadas,que ladran o cacarean cuando se sienten seguras,y luego...
Por otro lado...¡¡¡menos mal que la cobardía se les pega a los talones!!!
Yo creo que ante un perro así,al verlo suelto,hubiera salido disparada,la verdad.
Muy bonita y entrañable la historia.
Besos,Miguel.

jordim ha dit...

qué divertidos son esos Anonimos..

Vanessa ha dit...

Qué razón tenía tu padre! Hay personas q necesitan esa cuerda, necesitan q les digan dónde deben estar,y se sienten protegidos y muy fuertes, pero cuando la cuerda se rompe ni siquiera saben dónde quieren ir.
También el perro, igual q mucha gente, se hacía el valiente, y a la hora de la verdad sale corriendo para otro lado. Bueno, una suerte para vosotros!!
Besos.

Miguel ha dit...

Marinel: Sí, muchas personas se sienten fuertes y seguras cuando no están libres. La libertad les oprime.

Jordim: No me gustan los anónimos.

Vanessa: Efectivamente, en la opresión y en la falta de libertad encuentran su seguridad. Como el perro.

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