Salud, dinero y amor


Hay una canción que fue éxito a mediados de los años sesenta del pasado siglo, que en la voz de Cristina, vocalista del conjunto “Cristina y los STOP” cantaba aquello de “tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor, y el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios…” Salud, dinero y amor. Una trilogía ciertamente infalible. No sé si hace falta algo más para ser feliz. Pero me gustaría saber cuántas personas hay en el mundo que puedan asegurar que son ricas en estas tres cosas a la vez: en amor, en dinero y en salud.
Parece ser que las personas estamos condenadas a la infelicidad. Siempre hay algo que nos falta. Al que es rico, le falta la salud, o el amor. El que es pobre, puede tener amor y salud, pero no puede pagar la hipoteca. Y el enamorado, que ve todo el mundo de color de rosa, se queja amargamente de no tener un buen trabajo para construir su nidito de amor, a parte de estos achaques que perturban su salud. En fin, que hay múltiples combinaciones, en las que siempre la falta de uno, o dos, (o tres) de estas tres premisas, impiden la felicidad.
Pero yo pregunto. ¿Es imprescindible tener salud, dinero y amor, a la vez para ser feliz? ¿Se puede ser feliz sólo con uno de estos condicionamientos, o con dos? ¿o con ninguno? En cualquier caso, me permito apurar la cuestión a una premisa. No se pueden tener las tres a la vez. Bien; dado este supuesto, me aventuro a apuntar prioridades. ¿Cuál es la principal condición para ser feliz? ¿El dinero, el amor, o la salud?
Mi opinión es que la primera sería el amor. Sin amor no se puede vivir. La persona está diseñada para amar y ser amado. Si una persona no tiene problemas de dinero ni de salud, pero ni ama ni es amada, creo que difícilmente será feliz. En cambio, cuando hay amor correspondido en la vida de una persona, todos los demás problemas (de salud o de dinero) constituyen un reto por el que luchar que con el apoyo incondicional de la persona amada se llevará a cabo con más o menos éxito.
De todas maneras, este tema es amplio y caben todas las opiniones. Y me gustaría saber la tuya. ¿Cuál de las tres es la más importante para ti para ser feliz?

"Lluna"

"Lluna"


El jueves le dieron una cachorrita de perra a mi hija Marta. Le ha puesto de nombre “Lluna”. Lluna es una cosita pequeñita. Un ovillo de brunos pelos algodonados que me recuerdan a Platero. Aquel burrito que no tenía huesos, que estaba hecho de algodón. Así es Lluna. Suave como una caricia. Mullida como una esponja. Blanda, tierna, sedosa…
Yo la cojo con delicadeza y la llevo en brazos. Su pequeño cuerpecillo se acomoda entre mis manos y se acurruca ufana entre ellos. Enseguida cierra sus ojos de azabache y duerme plácidamente. Yo la miro complacido. Y, en silencio, observo su acompasada respiración. Sus orejitas, de una tonalidad ocre, se han relajado y resbalan sobre su pequeña cabeza. Un súbito ruido incomoda el apacible sueño de la perrita. Las orejas alerta y los ojos semiabiertos dan cuenta de la incidencia. Pero pronto todo se vuelve paz y calma. Pienso que estaría mejor en su camita, arropada con una vellosa mantita y un esponjoso peluche. Y allí la coloco. Lluna se revuelca perezosa entre mis dedos y se acurruca en su resguardado cobijo.
Mi hija Marta con "Lluna"

La dejo durmiendo. En su hocico destaca su negra naricita, reluciente, húmeda. La boca, cerrada, esconde unos incipientes e inofensivos dientecillos de afiladas puntas.
Mientras está durmiendo me voy y la dejo sola. Al cabo de un rato la oigo lloriquear. Ya se ha despertado. Moviendo la cola se acerca jugueteando hasta mí con un alegre trotecillo, y yo la acaricio. Su pelo es terso y su piel cálida. Juego un poco con ella. Me muerde dulcemente mi zapato. Intenta arrancarme los cordones. Pero no tiene fuerza para ello. La boca abierta alegremente, parece reírse de pura felicidad. Yo la dejo hacer. Sus patitas, de un blanco aterciopelado, patean al aire dibujando graciosas cabriolas. De pronto se queda sentadita. Y se me queda mirando. Parece querer decirme algo, pero no sabe hablar. Pero yo la entiendo. Me ha dicho que quiere ser mi amiga. Y yo lo acepto y le digo que sí.

Examen de Geografía


Reina el silencio en la clase. Son las ocho y media de la mañana. Hay examen de Geografía. Echo una mirada rutinaria sobre la clase. Veo un mar de cabezas gachas absortas en la hoja de papel donde están impresas las preguntas. Empieza a amanecer. Me levanto lentamente y me asomo a una ventana. A lo lejos se adivina el mar resplandeciente. Un alumno levanta el brazo. Me acerco hasta él y le aclaro una duda. Luego, otra vez silencio. Sólo el rápido fluir de los bolígrafos sobre el papel rasgan levemente el silente devenir de la clase. Vuelvo a mirar por la ventana. Las nubes rojas, alargadas y frías, manchan tenuamente el horizonte azul. Una alumna se muerde la lengua de pura fruición mientras escribe. Otro se rasca la cabeza, y otro mira al techo pensativo. Una alumna se me acerca con el examen en la mano hasta mi mesa. No entiende cómo se debe contestar la pregunta de señalar en el mapa. Se lo explico y se vuelve rauda hacia su sitio. El sol está cobrando fuerza. Las nubes se han tornado blanquecinas, vaporosas y ralas. En el mar se dibuja un barco mercante. Lo sigo con la mirada durante unos minutos. ¿Dónde irá camino del norte? Hay un alumno que está visiblemente inquieto. Me acerco hasta él. Y es que hay una pregunta que se la sabe… pero no se acuerda. Le tranquilizo y sigo paseando entre los silenciosos alumnos y alumnas que continúan aplicados en sus respectivos exámenes. El tiempo pasa espeso y cadencioso. Ahora el sol brilla en todo su esplendor. El barco ya no está. En los árboles hay unos pajarillos que saludan con su trino a la mañana. Me siento a mi mesa y observo las evoluciones de mis pupilos. Veo que algunos ya no escriben. Han terminado el examen. Otros, en cambio, escriben vertiginosamente apurando los minutos. Son minutos que pasan entre un mutismo tenso, emocionante, casi eléctrico. Me miro el reloj y anuncio que quedan cinco minutos para recoger el examen. Un anónimo susurro nervioso se escapa entre el alumnado. El mundo parece ajeno a nosotros. Ya el día refulge en todo su esplendor. En la clase de al lado se oye la imperiosa, pero apagada voz del profesor de matemáticas. Ha llegado la hora. Recojo los exámenes y, en medio de cierto alboroto, algunos se lanzan a sacar el libro de Geografía para comprobar sus respuestas. Hay gritos de júbilo y otros de decepción. Yo, con el montón de exámenes en mi mano, salgo de la clase en busca de la siguiente clase. El examen ha terminado.

"Estoy preocupado..."


“Estoy preocupado”, me decía el otro día un amigo mío, “…últimamente todo me sale bien.” Tras esta paradójica sentencia, pasó a explicarme el motivo de su congoja. Más o menos venía a decirme que él estaba convencido de que el azar, o el destino, era una fuerza igualitaria que tiende a equiparar a las personas, asignando a cada una de ellas las mismas dosis de bondades y maldades, (algo así como aquello de la filosofía oriental del Yin Yang) y que éstas se distribuían en cada persona de forma desigual, pero que, siendo este devenir algo tan equitativo, al final siempre se compensaban las dos fuerzas antagónicas, el bien y el mal. Con lo cual, después de una mala racha, ineludiblemente vendrá otra, pero esta vez buena, para compensar. En otras palabras, que no todo te puede salir mal, y al revés. Que después de la tempestad viene la calma, y al revés. De ahí la ansiedad de mi amigo que veía que estaba pasando una época de bienandanzas y temía el fin del ciclo y el comienzo del otro.
Yo no supe qué contestarle. Estoy convencido de que todo tiene su fin. En este mundo material no hay nada tan longevo que pueda adquirir la categoría de sempiterno. Todo es caduco y mutable. Por eso pienso que tal como dice el refrán “no hay mal que cien años dure”. Pero estoy tentado de pensar que también al revés. No sé, tengo una gran duda que no sé si alguien podrá hacerme salir de ella.
¿Es el destino tan democrático (como aseguraba Jorge Manrique en sus “Coplas”) que a todos iguala? O, como apuntaban los clásicos, es algo caprichoso, antojadizo y cruel, algo que está incluso por encima de la voluntad divina. No lo sé.

Poesía desde Benicàssim (II)




En junio traje a este blog a mi querida compañera Jacinta Negueruela. Allí os hablaba de su profunda sensibilidad hacia el arte en todas sus dimensiones. Pero hoy quiero recalcar que ella no sólo es que ama el arte, sino que ella es una artista, porque ella es una creadora. Es una poeta. Una poeta como la copa de un pino. Jacinta ama tanto a la poesía que un día, ya hace tiempo de esto, desde su alma empezaron a brotar versos. Y ella empezó a escribirlos, y a componer poemas. Y un día me dijo que ella a parte de su faceta de profesora de instituto tenía otra vida, “una vida subterránea”. Yo no sospeché que esta vida subterránea era la de literata. La de hacedora de poesía. Hasta que un día me dijo con voz queda y jubilosa que le habían publicado un libro de poemas…
Desde entonces ha publicado dos libros de poemas, a parte de otros tantos ensayos sobre arte. Y ahora sale a la luz su tercer poemario. Se trata de Cuerpos Varados. Editado como los otros dos por DEVENIR/POESIA. Madrid 2009.
Me gustaría que leyerais un par de poemas de este libro:


NOSTALGIA DESDE UN NORTE

¡Qué lejos mar!
La tarde se te asemeja,
te me acerca la humedad de la nube
y el verde de la vida que yo hago casi azul.
Hoy anduve el camino humilde
y no vi olas,
pero el árbol generoso,
y el mineral ingenuo,
disfrazaron de agua la nostalgia.

Jacinta Negueruela
Cuerpos Varados
Devenir/Poesía
Madrid 2009


CUANDO NO HAY MÁS QUE TIERRA

Respira en la quietud la caracola.
Así quisiera yo,
en el sosiego oscuro,
en la cueva anegada,
reunirme con la ola que socava, dichosa,
el fondo de los mares.
Viene y va la palabra,
el grito de la vida, el viento del pasado
como tu voz de dentro
y me suena a metal,
a como rasga el viento cuando no hay más que tierra,
tierra sólo,
y el mar,
que nunca se acaba.

Jacinta Negueruela
Cuerpos Varados
Devenir/Poesía
Madrid 2009

Este año, siguiendo la tradición de traernos poetas al instituto (por aquí han pasado grandísimos poetas: desde un premio Cervantes, Antonio Gamoneda, hasta el último Premio Nacional de Poesía, Juan Carlos Mestre) Jacinta y el Departamento de Lengua Castellana ya tienen preparado para el próximo 5 de marzo una conferencia a cargo de la poeta Olvido García Valdés.















Jacinta junto a Antonio Gamoneda.


Pero antes Jacinta presentará su flamante libro Cuerpos Varados. Será el próximo 20 de noviembre a las19’30 en Madrid. En el Círculo de Bellas Artes. Junto a ella estarán en la mesa de presentación Juan Pastor, Julia Barella y Javier Lostalé.
Si podéis ir, estáis invitados.

Magia


Yo no sé si las cosas ocurren porque una serie de causas desencadenan un determinado efecto o si es por puro azar… o magia. A veces me siento tentado de pensar en esto último, que la magia guía y domina nuestras vidas.
El raciocinio humano es muy dado a buscar las causas verdaderas que determinan todo tipo de hechos. Y es que el ser humano quiere tener todo controlado para influir en las causas últimas y así poder dominar en la medida de lo posible el devenir de los acontecimientos. Cada situación actual tiene, pues, a los ojos del ser humano, su explicación en una causa razonada. Y si no encuentra la causa, lo deja en un interrogante como una asignatura pendiente, que algún día se descubrirá. En estas empíricas bases se centra el conocimiento actual de las personas. Pero es sabido que no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que la magia lo dominaba todo, y la magia respondía a todas las preguntas que el ser humano se planteaba. Era el tiempo de los mitos, y los dioses; que manejaban nuestro mundo, los planetas y las estrellas a su antojo. La magia, en forma de superstición, invadía todas las facetas del devenir de aquellas gentes. Y los magos, pitonisas y chamanes resolvían mágicamente todos los problemas pasados, presentes y futuros que podían plantearse aquellas gentes.
Hoy aún quedan vestigios de aquellas prácticas chamánicas. Porque la magia es algo que envuelve al ser humano. Y éste, pese a su implacable tendencia al raciocinio, se resiste a prescindir de tan idílica compañera. Y por eso, como decía al principio, a veces me gusta pensar que estamos inmersos en un mundo donde el raciocinio es vano y la magia reina en todo su esplendor. Un mundo donde las leyes que sesudos científicos han demostrado con todo rigor se tambalean ante la fuerza invisible de la magia.
Quiero creer que aquella camisa que me puse el día que aprobé el examen fue la causa de mi éxito. Que aquel coche rojo que se cruzó en mi camino determinó que los resultados del análisis fueran satisfactorios…
…Es éste un camino poblado por hadas, gnomos, trasgos, duendecillos y entes misteriosos que aunque nadie los ha visto, porque no se dejan ver, existen. Y son ellos los encargados de disponer de nuestros éxitos o fracasos.
Y, en definitiva, son ellos quienes nos abren la puerta de esa dimensión ignota en la cual todo es posible. Un lugar donde no impera la razón, sino la magia.

Gratitud


Alcanzar la felicidad es el más firme y antiguo anhelo del ser humano. La mayoría de las veces la felicidad se nos muestra como un pájaro esquivo y engañoso. Los caminos que nos llevan hasta ella no siempre son claros y concisos, sino que, a menudo, son enrevesados y raros. Vivimos en una sociedad que no fomenta ni valora las virtudes clásicas de la especie humana. Y no las valora porque no son productivas. Pero os puedo asegurar que la felicidad se esconde detrás de cada una de las virtudes. La persona virtuosa es una persona feliz. Hay pues, que cultivar esas virtudes.

La gratitud es una virtud. Dice el refrán que “de bien nacido es el ser agradecido”. Y es verdad. Pero hay más, la persona agradecida es feliz.
¡Hay tantas cosas por las que estar agradecido! La preciosa canción “Gracias a la vida” de Violeta Parra encierra toda una filosofía sobre la felicidad basada en el agradecimiento. La autora de la canción da gracias a la vida porque le ha dado los ojos con que mirar, la risa con que reír, el llanto con que llorar… le ha dado todo…
Pero hay algunas actitudes humanas que pueden enmascarar y suprimir esta fuente de felicidad que es la persona agradecida. Me refiero a la ambición y a la soberbia. La persona ambiciosa no puede ser feliz. Porque no puede dar gracias por lo que tiene, pues siempre le parece insuficiente. Y la persona soberbia piensa que no debe dar las gracias a nadie ni a nada porque todo lo que ha conseguido ha sido fruto de su esfuerzo y trabajo.
En el lado opuesto está la persona agradecida. Aquella que piensa que el mundo está siempre a su favor, y pendiente de ella y le ofrece en bandeja la posibilidad de ser feliz. Aquella que nada ambiciona porque gracias a la vida tiene una casa y una familia y un trabajo y una salud que le permite vivir la vida cada día dentro de su ámbito.
Así pues, yo propongo desde aquí que hagamos un ejercicio de gratitud. Que hagamos recuento de las cosas que tenemos gracias a la vida, y de las personas que a lo largo de nuestra vida nos han ido dando cariño, amistad y amor. Si pensamos, veremos que sí tenemos motivos para estar agradecidos, y para ser felices.