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Misterio en el instituto


Hace un par de semanas que en mi instituto pasa algo misterioso. Los servicios del segundo piso huelen a humo de tabaco. Esto no sería nada extraño ni sorprendente si no fuera porque esto pasa a las ocho de la mañana. Justo cuando los conserjes acaban de abrir las puertas del instituto. Es imposible que nadie haya fumado porque yo, que suelo llegar a estas tempranas horas, soy el primero que subo a este segundo piso. Pero el tufo a cigarro está ahí: en los servicios que hay al final del largo pasillo del segundo piso. Como sea que mi aula está al principio del pasillo, no noto el olor. Pero una compañera que tiene su clase al lado de los servicios me lo dijo hace quince días. Y era verdad. Allí alguien había fumado. Y a esas horas no había nadie. Ni alumnos, ni profesores.
Han pasado los días y hoy, a las ocho y un minuto subía yo a mi clase. Pero esta vez no estaba solo del todo. Delante de mí subía una alumna de segundo de bachillerato que se dirigía al segundo piso. Yo me quedo en mi clase, al inicio del pasillo. Ella va hacia el final del pasillo camino de los servicios.
¡Ya está! ¡ya sé quién es la persona que fuma a estas horas!

Pero mientras metía la llave en la puerta de mi aula noto que alguien me llama. Es ella, la alumna que iba a los servicios. Y me dice que allí hace un olor insoportable a tabaco. Voy, y lo compruebo. El misterio sigue...

Depende...


Un bar. Hay una chica sentada a la barra en un taburete. No parece que se esté tomando nada.  Entra un señor de mediana edad. Se acerca a ella y se pone a hablarle

-Pues ahí donde usted me ve, señorita, yo no aparento la edad que tengo.
-No, si en cuanto le he visto entrar en el bar me he dicho: "Este señor aparenta menos edad de la que tiene"
-La gente no sabe la edad que tengo porque a mí no me gusta presumir. Por cierto, ¿tendría usted la bondad de decirme cuántos años tiene?
-Hoy mismo cumplo 25 años.
-¡Qué barbaridad! ¡Yo a su edad tenía 40!
-¡No es posible!
-¡Sí, es que cogí una gripe... me subió la fiebre y no había manera de bajármela. ¡Ni con aspirinas se me bajaba la fiebre!
-Pobrecito. Me da usted pena.
-¿...Y viene mucho por aquí, señorita?
-Solo los días que cumplo años.
-¿Y cumple años usted muchas veces?
-Pocas. Solo una vez al año. Justo el día de mi cumpleaños.
-¡Qué feliz coincidencia!
-Y aquí estoy yo a ver si alguien me invita a una copa...
-¡Oh, perdone señorita! No me había fijado. ¿Le apetece una copa?
-¿Pretende usted ligar conmigo...?
- Eso depende...
-¿Y de qué depende, si se puede saber?
-De lo alta que sea usted. Porque a mí no me gustan las chicas bajitas. ¿Por cierto, cuánto mide usted? 
-Eso depende...
-¿Y de qué depende, si se puede saber?
-De si estoy sentada o de pie. Mire. Ahora estoy sentada, pues si me levanto mido mucho más... ¿Quiere que me levante?
-Si no le sirve de molestia...

La chica se levanta del taburete

-¿Eh, qué le parece?
-No está nada mal. Tenía usted razón. De pie es mucho más alta...
-Eso también depende.
-¿Y de qué depende, si se puede saber?
-De los tacones. Si me pongo tacones soy más alta.
-Me ha convencido totalmente. ¿Quiere usted casarse conmigo?
-Eso depende
-¿Y de qué depende, si se puede saber?

La chica se sienta

-Pues de la edad que usted tenga.
-Eso depende.
-¿Y de qué depende, si se puede saber?
-De la edad que aparento.
-Usted no aparenta tener ninguna edad.
-Pues entonces no me caso con usted.
-Pues yo no me voy a poner tacones.
-Y yo no le voy a invitar a una copa.
-Pues adiós muy buenas.
-Adiós muy buenas...

El señor da media vuelta y sale del bar. La chica llama al camarero.

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