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Claudia y su abuela y (II)




El día siguiente amaneció frío. Y los niños llegaron al cole todos bien tapaditos con abrigos, bufandas y guantes. Claudia, también. Parecía más tranquila. Incluso adiviné alguna sonrisa en su rostro. Además, la vi totalmente integrada en el grupo. Estaba departiendo con toda normalidad con sus compañeros y nada hacía suponer el pesar que aquella niña  llevaba en su interior.
Empecé la clase y al cabo del rato ya todos estaban enfrascados en la tarea que yo les había propuesto.
Yo no dejaba de mirar de reojo a Claudia. Pero hoy no estaba como ayer. La notaba más animada, más fresca, más normal. Hablaba y se reía como cualquier niña de su edad. Hasta que de momento, se puso a mirar hacia un rincón de la clase y se puso seria. Muy seria. Y su semblante cambió. Su cara se arrugó en un ictus de terror, abrió exageradamente los ojos y se llevó las manos cerradas en dos puños a la boca.
Sus compañeros se asustaron. Yo también.
Antes que yo pudiera reaccionar, Claudia lanzó un grito:
-¡Está aquí! ¡Por favor dile que se vaya!
El silencio era sepulcral. Los alumnos estaban todos horrorizados mirando con desespero a la afligida Claudia sin saber qué hacer. Igual como yo.
-¡¡Haz que se vaya!!- volvió a gritar Claudia esta vez dirigiéndose a mí.
-¿Quién se tiene que ir…? – acerté a responderle.
-¡Mi abuela! ¡Ha vuelto, y vuelve a molestarme…! ¡Haz que se vaya!- Sollozó Claudia entre gritos.
Los niños estaban asustados, pero quietos y expectantes, cada uno en su sitio.
-Pregúntale qué quiere…- No sabía qué decirle, la verdad, porque estaba tan asustado como mis alumnos.
-¿Qué quieres…? – Preguntó, obediente, Claudia dirigiéndose (aparentemente) al espectro de su abuela
Entonces se hizo un silencio que pudo durar horas, meses, o segundos…
-Me ha dicho que quiere que se le haga una misa en la ermita de San Vicente. Y que entonces me dejará en paz.
De golpe se hizo la calma en el aula.
-Se ha marchado…- Me dijo ya más tranquila Claudia.
Entonces la niña corrió hasta mí y se puso a llorar.
Yo la consolé como pude y le dije que ya había pasado todo, que se tranquilizara y que volviera a su sitio, pero ella no quería. Entonces se dirigió a mí y me dijo que quería que yo hablase con su madre y le dijera lo de la misa. Yo le prometí que así lo haría. Y entonces se serenó y se fue a su pupitre.
Llamé a su madre y se lo conté todo. Su madre me aseguró que hablaría con el cura y que le harían la misa.
Y así fue. Se le hizo una misa por el eterno descanso a la abuela de Claudia en la ermita de San Vicente… y ya jamás volvió a molestar a su nieta.



31 comentaris:

Little ha dit...

¡Dios santo! Ya te decía yo que creía en éstas cosas... pff.. qué malos ratos pasaría la pobre niña. Es tan escalofriante como extraño...

Un beso

Gemma ha dit...

Y por qué la iglesia de San Vicente?

Bueno, no iba yo tan desencaminada jajaj, la abuela necesitaba una despedida tradicional :D

Un beso, mira que te gusta sujetar el misterio eh? una semana entera en ascuas...me alegro del descanso eterno de las dos...

Joselu ha dit...

Beatona que nos era la abuela… pero si costaba tan poco aplacarla… pues se le hace la misa y en paz. Un relato eficaz, tanto que parece real o en esa zona de penumbra que tan bien sabes transitar, está su fuerza y su encanto. No cabe duda, tras haberte leído, que en tu realidad caben experiencias transpersonales, por llamarlas de algún modo, aplicando ese término llamado psicología transpersonal. Yo también pienso que se pueden dar estas experiencias, aunque no les concedo mayor valor que a los sueños o al de la misma realidad real. ¿Espíritus? ¡Quién sabe! Pero que se queden aplacados con una misa…

Me ha gustado.

VivianS ha dit...

Se me pone la piel de gallina cuando leo estas historias, siempre he creído que los espíritus se nos presentan y que están entre nosotros, así que lo acabo de rectificar. Muy buena la historia Miguel, estaba curiosa. Yo tampoco sé lo que hubiera sentido si estaba ahí, delante de la clase, en semejante situación.
Un abrazo

Antonio ha dit...

Muy logrado el efecto, sin necesidad de cabezas girantes, ancianas vestidas de comunión u hospitales abandonados. Tal vez leamos una segunda parte con Claudia casándose en la ermita de San Vicente y un organista fantasma...

Marian ha dit...

¡Por fin nos enteramos del desenlace! Qué curiosa y misteriosa historia. No sabría decir qué hay de verdad, de sueño, de imaginación...pero impresiona. Saludos y feliz fin de semana ;)

TORO SALVAJE ha dit...

Será verdad?
Mira que si es verdad lo que veía Claudia es para...

Saludos.

Miguel ha dit...

Little: La verdad es que es extraño. Muy extraño. Pero la niña y la abuela ya estuvieron para siempre tranquilas.

Gemma: Porque está en Alcora y la gente tiene mucha devoción por ella. La dos descansaron desde aquel día.

Joselu: Gracias por tus palabras. Sí, en este relato se mezcla (como en casi todos los que escribo) realidades y ficciones, y esto es lo que sale. La verdad es que este hecho pasó de verdad. Solo le he cambiado la forma.

Vivians: Yo también tengo mis dudas, pero después de ver ciertas cosas, no sé qué pensar.

Antonio: Pues no estaría mal. Ya lo pensaré.

Marian: Ya te digo que hay casi un cien por cien de verdad. Solo he adornado o acomodado las formas. El fondo es real.

Toro: Eso digo yo, sería verdad lo que veía la niña...

Perséfone ha dit...

Vaya... increible historia.

La verdad es que este tipo de historias te da mucho sobre lo que pensar.

Y sigo empeñada en que los niños tienen una sensibilidad especial para este tipo de cosas.

Un saludo.

Diego ha dit...

afortunadamente creo que las cosas están cambiando y cada vez queda menos (aunque aún demasiado) rastro de la religión (las occidentales, me refiero).
supongo que sea una manera de no creer en uyuno mimso, e lanzar pelotas fuera y no asumir responsabilidades. cómo hay gente religiosa en estos tiempos! eso era en la edad media!!!
propongo un desafío: creer en uno mismo.

Yolanda ha dit...

¡Increíble desenlace! Así que eso era todo lo que quería la abuelita, una misa, ya ves tú qué sencillo... ¿No le habían dicho otras antes? Porque en España otra cosa no habrá, pero misas de difuntos no faltan. ¿O tenía que ser precisamente en esa ermita? La madre de una buena colega murió en julio en un pueblo de Segovia, y me contaba que no sólo recibían el pésame el día del entierro, toda la familia en pie a la salida del cementerio, sino cada mes, porque cada mes se repetía la misa y el mismo rito. Y otras de no sé qué cofradía y distintas asociaciones a las que pertenecía la difunta. Aún quedan cosas así en esta España nuestra, como diría Cecilia. ¿De verdad nos atormentan los muertos cuando no reciben lo que quieren? Huy, qué yuyu... Nunca me ha pasado, pero quién sabe, a lo mejor mis ancestros vuelven para recordarme que tiempo atrás estuvieron entre nosotros.
Un abrazo, colega.

Miguel ha dit...

Perséfone: Pues será eso... pero eso es lo que pasó. Cada cual que entienda o saque las conclusiones que quiera.

Diego: A lo mejor es que la religión enturbia los sentimientos y los confunde, no sé, pero los hechos están ahí...

Yolanda: Seguramente, por lo que supe después, ya le habían dicho otra misa antes, pero ella quería la misa en San Vicente, y lo dejó dicho, pero no fue así. Y después pasó lo que pasó. Lo de atormentar los muertos a los vivos, como bien sabes, es algo que desde que el ser humano está en la Tierra, ha existido. El hombre de Neanderthal tuvo que enterrar a los muertos porque según decían, si no lo hacían, les molestaban. Tal vez haya algo de verdad en todo este embrollo.

María ha dit...

jajaja MIGUEL ¡¡una misa!! ¡¡mira que fácil lo puso la abuelita para irse en paz !! :-)

Y fíjate qué tranquila hubiera estado Claudia si desde le primer momento que vio a su abuela le hubiera preguntado, lo que tú le sugeriste... la pregunta mágica, sencilla y que por obvia, siempre olvidamos...

¿Qué quieres? ¿qué te ocurre? ¿ocurre algo?

Yo, por naturaleza soy muy preguntona, jamás me quedo con una duda si creo que alguien puede disipármela. Me pregunto por qué nos cuesta tantísimo preguntar. Así que me alegro que se te ocurriera sugerírselo a Claudia. ¡¡Ojalá todo fuera tan fácil de resolverse en la vida!! ¡¡ojalá con una misa se arreglaran todas las pesadillas!!:-)

Un beso grande MIGUEL.

Novicia Dalila ha dit...

Menos mal que la historia se zanjó sin bajas y sin soponcios eh???
Ahora la abuela estará en paz.

Un beso, Miguel

Miguel ha dit...

María: Tienes razón. A veces nos quedamos en la duda por no peguntar. La cosa se solucionó cuando le preguntó qué quería. Me parece muy bien, María, que seas preguntona. Es la mejor manera de enterarse bien de las cosas y de aprender. Yo creo que tú, por lo que te conozco, eres inteligente, y sabes bien qué hay que hacer en cada momento.

Novi: Efectivamente. Fue una cosa fulminante y definitiva. Menos mal.

Angie ha dit...

Veo que te llama mucho la atención todo lo que tenga relación con el misterio de la muerte y su posible conexión con la vida.

Yo soy bastante escéptica aunque encuentro alguna relación de todo ello con el mundo de los sueños, donde también se mezcla realidad y fantasía.

El verano pasado, durante mi curso en Reino Unido conocí unas cuantas personas, todas compañeras de profesión, que manifestaban creer y vivir historias muy particulares. ¡Qué charlas de cocina por las noches! ¡Qué tela teníamos cada una y qué bien nos llevábamos! Hablábamos de muchas cosas pero ese era un tema recurrente, curiosamente.
Yo escuchaba muerta de interés y, poco a poco algunas se identificaban con las vivencias de otras y contaban las suyas propias.

Un día apuramos hasta las tantas, yo creo que de tanto hablar del tema nos entró el miedo a todas. Una confesó que a veces se despertaba porque le molestaban los espíritus y se encontraba varios al lado de la cama. Eso a mí me dejaba tranquila porque mientras fueran a la cama de otra no vendrán a la mía.

Ese capítulo siempre será un misterio.

Claudia algún día lo contará...

Miguel ha dit...

Pues sí, me gustan estos temas. Y me gusta contar (inventar, también) sobre ellos.
Yo pienso que a todo el mundo le interesa una historia bien contada sobre estos temas. Mienten quienes dicen que pasan de ello. En el fondo todos tenemos un algo, una rendija abierta a este mundo esotérico. Bueno, al menos eso pienso yo. Pero fíjate que no me atrevo a decir que este mundo existe...

Miguel ha dit...
L'autor ha eliminat aquest comentari.
Lourdes ha dit...

Tampoco pedía nada del otro mundo la mujer. Claro que asustar a la nieta no eran las formas. Digo yo...


Besos, Miguel!
:)

Miguel ha dit...

Lou: Pero parece ser que esa fue la única forma que encontró la abuela (desde el más allá...)

VANESSA ha dit...

Me lo imaginaba! Sabía q Claudia decía la verdad!
Puedes estar orgulloso, gracias a tí se han quedado las dos tranquilas.
Besitoss

Miguel ha dit...

Vanessa: Pues sí. A partir de aquel día acabó todo.

V ha dit...

Pobreta, qué mal no lo pasaría... :( :( A saber cómo era la abuela y cómo se le habían metido esas cosas en la cabeza a la cría.

Al menos pasó el miedo -teóricamente-. Es lo único positivo que le encuentro al asunto.

Besetes, Miguel.

Belén ha dit...

No, si es lo que dicen, que muchos fantasmas solo quieren favores...

Madre mía, qué miedo

Besicos

Miguel ha dit...

V: Pasó todo. Y la niña volvió a ser la niña feliz de antes. ¡Ya ves...!

Belén: Pues para aquellos que crean en fantasmas, eso es. Solo quieren favores. para los que no crean, pues eso, que le den la interpretación que crean más conveniente.

Anna Jorba Ricart ha dit...

Bueno, el alma de su abuela necesitaría esa misa como un empujoncito para quedarese tranquila en el cielo.
Mis saludos.

Miguel ha dit...

Anna: Pues eso. Tal vez su abuela, desde el otro mundo tenía esa necesidad. ¿quién sabe?

Vane ha dit...

He vuelto! Poco a poco me iré poniendo al día!
Espero que el año haya comenzado muy bien!
besines

Miguel ha dit...

Vane: Ya te echaba de menos. ¿Dónde estabas?

Luis Antonio ha dit...

Me esperaba lo de la aparición, pero lo de la misa me ha dejado estupefacto...

Si pretendías sorprendernos, lo has conseguido, Miguel.

Un abrazo

Miguel ha dit...

Luís Antonio: Yo lo cuento tal como pasó...

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