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La calle de los besos y los abrazos


El ébola, el paro, que si se vota en Cataluña, que si esto es ilegal, que si las tarjetas opacas…
Apago el televisor. Dejo el mando a distancia encima de la mesa. Me levanto y salgo de casa dispuesto a ver otras realidades.
Hace tiempo tuve la idea de visitar la calle de los muertos. Hoy no me apetecía volver allí.
Caminé sin rumbo fijo. Coches, semáforos impertinentes que siempre están en rojo (un amigo mío quiso inventar un semáforo que siempre estuviera en verde, pero cuando fue a la casa de patentes le dijeron que aquello iba contra las leyes…) gigantescos edificios que tapan el sol y no dejan ver el celeste cielo, gentes que van y vienen sin mirar a la cara de quienes se cruzan, calles y más calles. Todas tienen nombres rimbombantes. Nombres a la gloria de seres humanos que pasaron y dejaron huella. Pero a mí no me dicen nada. No conozco a la mayoría de estos personajes, y los que conozco, no son más que una reseña en una enciclopedia. Hoy no busco esto.
Por fin llego a una boca de calle de donde veo salir a la gente feliz. Tal vez esta calle sea atractiva. Me dirijo hasta allí. Miro arriba y leo “Calle de los besos y abrazos”. ¡Ya está, esa es la calle que yo pretendo!
Sin más preámbulos y con el ánimo vivo y abierto penetro en la calle.
En seguida se me acerca una chica joven y guapa, y sin mediar palabra, y con una sonrisa seductora, me mira a los ojos. Yo me la quedo mirando. Los ojos de aquella joven eran luminosos. Y mientras trato de adivinar el color exacto de aquellos ojos, siento que unos labios carnosos, calientes y húmedos besan tiernamente mi mejilla. Después, sin dejar de sonreírme, se aleja moviendo graciosamente la palma de su mano derecha. Entonces, un hombre, alto y fuerte, se me queda mirando exhibiendo su rostro alegre y feliz. Abre sus poderosos brazos y con una delicadez celestial me rodea en un entrañable abrazo. Yo también le abrazo. Estamos un tiempo así, abrazados. Después, sin cambiar su risueño semblante, se aleja…

Es la calle de los besos y los abrazos. Yo voy allí siempre que puedo. Y os recomiendo que no dejéis de visitarla. Si está aquí cerquita… seguro que habréis pasado y no os habréis dado cuenta… 

19 comentaris:

MAR ha dit...

Pues habrá que buscarla.
Un relato muy enternecedor.
Bss,Miguel.

TORO SALVAJE ha dit...

Voy a comprarme una casa allí.

Saludos.

Bertha ha dit...

Me apunto la dirección y, cuando disponga de un minuto me doy un garbeito que falta me hace sentir esa sensación:)

Un abrazo Miguel.

Miguel ha dit...

Mar: Si la buscas, la encontrarás.

Toro: Las casas, allí, no tienen precio, Toro. Imposible, pues, comprarse una.

Bertha: Yo creo que a todo el mundo le hace falta ir allí. Y hay que ir allí de vez en cuando.

Diego Cobo ha dit...

Hay dos mundo:
uno bello, luminoso y otro podrido.

Y podemos fijarnos en cualquiera de los dos.

Yo trato de mirar el primero.

Un abrazo

Diego Cobo ha dit...

Hay dos mundo:
uno bello, luminoso y otro podrido.

Y podemos fijarnos en cualquiera de los dos.

Yo trato de mirar el primero.

Un abrazo

Miguel ha dit...

Diego: Pues haces muy bien en mirar hacia la parte bella de la vida.

Marinel ha dit...

Huiiii, si yo te contara!
Soy asidua de esa calle, no concibo mejor lugar para sosegarse y tomarse un enorme trago de felicidad.
De mustiárnosla ya se encargan otros que viven en otras calles....
Beso y abrazos, Miguel.
:)

Miguel ha dit...

Marinel: Es verdad lo que dices. Te he visto allí.

Joselu ha dit...

El relato es bueno.

Pero yo no iría a esa calle. No hay día que me suscite más zozobra que el primer día de curso en que todos los profesores se dan besos y abrazos como si sintieran una enorme alegría de volver a verse. No soy muy dado a efusiones, solo con mi familia, lo otro pienso que es un sesgo social más o menos agradable. A mi no me va. Mostrar los afectos tiene que ver con demostrar los afectos y esto no se distancia mucho de fingir los afectos. Prefiero la parquedad emotiva.

Lourdes ha dit...

Cuchi!! Pero si yo siempre voy andando por esa calle...
Es que me mola más que tó las cosas.

Es una pena que aún no me haya cruzado contigo, pero vamos, que cualquier día de estos, seguro.
:)


Besos y abrazos, Miguel!!

Yolanda ha dit...

Esa calle está donde esté alguien dispuesto a dar un beso y un abrazo porque sí, porque hoy es hoy, como el anuncio de los bombones. Somos parcos y tacaños a la hora de demostrar cariño, muchos lo consideran superfluo o ñoño, pero no hay nada mejor que empezar el día tocando otra piel, aunque sea brevemente. Vamos siempre tan deprisa que no apreciamos las muestras de afecto, tan necesarias a cualquier edad. Seguro que tú pasas siempre que puedes por esa calle, quizá algún día volvamos a coincidir por allí...
Un fuerte abrazo, colega.

Miguel ha dit...

Joselu: A esta calle solo voy cuando estoy necesitado de cariño. Hay veces que las caricias sobran (aunque no estoy del todo seguro de esta afirmación). Entonces es mejor andar por casa o ir a visitar otras calles.
Además de esto, creo que si el cariño que se da es verdadero y no fingido, siempre es bien recibido. Y eso es lo que pasa en esta bendita calle.

Lou: Ya sé que tú eres asidua de esta calle. Un día de estos nos encontremos por allí. ¡seguro!

Yolanda: Me ha encantado tu comentario Yolanda. Y es que en esto precisamente estaba pensando cuando escribí este post. Esta calle, ya lo digo, no está en el polo norte ni escondido en las selvas amazónicas, está aquí. En cada rincón de la casa, en cada recodo de las calles de la ciudad. Y la gente no lo sabe. Y pasa una y otra vez y no se entera. Pero yo estoy satisfecho porque mi clase (El planeta blau) es como esta calle. Y esto me llena de dicha.

Celia ha dit...

Me llama la atención el hecho mencionado doblemente en tu relato de lo agradable que puede resultar que te miren a los ojos. Simplemente es una práctica en desuso. Preferimos el reflejo ( a veces, a su vez de otro reflejo) a la mirada directa. La tecnología es maravillosa pero hay gestos insustituibles.
Por otro lado, te recomiendo un paseo, si te pilla cerca por el barrio de Tres Olivos, en Madrid, mi barrio. Aquí las calles tienen nombres muy sugerentes: calle Caballero de la triste figura, calle del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, calle de Gigantes y Molinos, calle Aldonza Lorenzo, por lo demás el barrio es muy normalizo...
Un abrazo,

María ha dit...

Yo vivo en esa calle desde siempre MIGUEL, cualquier día nos encontraos y te despachurro en un abrazo jaja Creo de verdad que los abrazos deberían recetarse por prescripción facultativa. Están demostrados sus efectos terapéuticos a todos los niveles, incluso en el desarrollo no solo afectivo sino inmunitarito de los bebés. Todo el muno sabe que no hay ni un solo besucón abrazador depresivo ¿ a que tú nunca tienes depre MIGUEL? :))

Montoones y montones de abrazos y besos .. si te sobran los dejas para que los use cualquiera que pase por tu preciosa calle si lo desea :-)


Que esta semana llegue llena de besos y cosas buenas para ti.

Luis Antonio ha dit...

Aunque sean convencionales, bienvenidos todos los besos y abrazos. Nunca sobran.

Ahí va un abrazo de los míos

Miguel ha dit...

Celia: Tienes toda la razón del mundo. Las miradas cálidas son alimento para el alma, así como los abrazos sinceros. Pero hay muchas personas que por educación o por lo que sea son parcos en este tipo de ternura. Lo de ir por tu barrio, la próxima vez que vaya a Madrid intentaré visitarlo.

María: Ya lo sé, María, yo ya sabía cuando escribí el post, que tú vivías allí. Y en cierto modo me he inspirado en ti para escribirlo, de veras. Somos vecinos, María.

Luís Antonio: Efectivamente, nunca sobran, siempre son bienvenidos.

Raúl ha dit...

Los nombres de las calles condicionan las vidas de quienes las habitan. Yo así lo pienso.
Abrazos.

Miguel ha dit...

Raúl: En cierto modo, sí. Pero eso la gente no lo sabe.

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