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La niña triste


Estoy en clase de primero C. Es la hora de después del recreo. Los alumnos han entrado dicharacheros y juguetones a clase. Poco a poco, se han ido serenando, y ha empezado la clase.
En un momento determinado Jaime levanta el brazo.
-Miguel, que Eva está llorando…
La miro, y sí, efectivamente. Parece que está llorando.
-Me acerco hasta ella.
-¿Qué te pasa Eva…?
Aparta las manos de la cara y aparece un rostro compungido y lloroso. Sobre ambas mejillas se adivinan caminos blanquecinos de lágrimas resecas.
-Nada…-Responde Eva con un hilillo de voz entrecortado.
Me quedo mirándola.
-Algo te pasa.
-No me pasa nada, solo que estoy triste, y ya está…
Comprendo que no quiere hablar, me doy media vuelta y continúo la clase. Ya se le pasará. De todas maneras, si quiere algo, si necesita ayuda, aquí estoy yo. Pero Eva sigue callada y triste en su pupitre sin manifestarse en un sentido u otro. Yo, no tengo otro remedio, voy a la mía. Hoy estoy explicando cosas divertidas. Les hablo del origen legendario de Roma. Les cuento las hazañas de Eneas, de Rea Silvia, de Marte, de Rómulo y Remo… los alumnos están tomando apuntes. Eva, no. Eva ha puesto la mirada en el blanco inmaculado de su libreta y ha entornado los ojos. No acierto a entrever hacia dónde van sus pesares.
Suena la música que indica que la clase ha terminado.
Los alumnos y las alumnas, ordenada y ruidosamente, recogen sus cosas y van saliendo de la clase.
Yo, de pie, delante de la pizarra observo distraídamente cómo van saliendo estos chiquillos de apenas trece años, a la vez que espero a que llegue el próximo curso.
Alguien, por detrás mía, me da dos golpecitos por la espalda. Me giro. Es Eva.
-Miguel, perdóname…
-¡Que te perdone! ¿Por qué?

-Por haber estado toda la clase triste. 

23 comentaris:

Hada Isol ♥ ha dit...

Pobrecita y pide perdón,que será que la puso así,será algo tipico de su edad,algo de amor no correspondido,o algun asunto familiar muy triste,ojalá que sea algo solucionable y que vuelva a sonreir.Un abrazo Miguel buen día!

Bertha ha dit...

Es, una edad un poco susceptible sobre todo para las niñas por sus cambios hormonales, o que tenía mal día simplemente: pero por lo menos es, lo suficiente humilde para disculparse.

Miguel: admiro esta buena disposición que tienes con tus alumnos.

Un abrazo

Gemma ha dit...

Creo que le has dado la serenidad que necesitaba sentir. A veces un silencio compartido y acompañado, es más reconfortante que cualquier otro gesto. Eres buen profesor desde luego que sí, pero también pienso que tienes alumnos muy ricos...

Un beso

Marinel ha dit...

Madre mía, que dulzura, que bonita.
Pobre...está en esa edad difícil en la que todo se engrandece o achica y las palabras no saben definir su interior...
Qué le dijiste,Miguel?
Yo me la hubiera comido a besos, pero claro, yo soy asínnnn
:)
Besos.

Miguel ha dit...

Hada: Hoy mismo ya estaba contenta otra vez, así que, no creo que fuera nada importante.

Bertha: Sí, simplemente fue que tuvo un mal día, pero le supo mal estar triste toda la clase.

Gemma: Tengo unos alumnos, de veras, encantadores. Para muestra, un botón.

Marinel: Cuando vino y me pidió perdón, sentí algo muy difícil de explicar. Por eso hice este post.

MAR ha dit...

Pobrecilla¡ pero que sala, irte a pedir perdón
Bss

TORO SALVAJE ha dit...

Ohhhhhhhhhhh

Pobrecilla.

Se merece un sobresaliente solamente por su forma de ser.

Que bonica.

Miguel ha dit...

Mar: No, si es que son para comérselos. De verdad.

Toro: Si tuviera que puntuar por estas cosas, pondría un sobresaliente general.

Lore ha dit...

¡Que ternurica XD, como para comérsela a besos!Ojalá pudiéramos desarrollar la capacidad de comunicarnos con niños tan sensibles como esta,(bastante normal, por otro lado a esta edad) sería una excelente manera de lograr un mundo mejor ¡seguro! pero no todos los niños son así.
Un buen maestro y un gran corazón Miguel

Un beso.

Joselu ha dit...

No había dado clase a muchachos de primero de ESO y la verdad no me atraía. Sin embargo, este año doy a tres primeros y ha sido una agradable sorpresa encontrarme esa edad en que todavía son niños y muestran abiertamente su afecto, lo que luego es más raro. El caso es que estoy muy ilusionado con estos niños de doce años a los que estoy aprentando todo lo que puedo. Al ver este estado de evolución me doy cuenta de que se puede tirar mucho más de ellos que lo que habitualmente se hace en cursos posteriores. Es un gozo ver sus sentimientos, sus emociones, su alegría, sus tristeza, su inicio de tontería adolescente. Me doy cuenta de que los niños de doce años son todavía interesantes antes de que empiece ese proceso devastador que es la adolescencia. Me gustan. Me encuentro a gusto con ellos. Lo que cuentas de esta niña es totalmente real.

VANESSA ha dit...

Qué tierna la niña!
Y qué responsable me ha parecido a la vez,, porque sabía que en clase tenía q estar atendiendo y no te había hecho caso. Creo que por eso se sintió culpable.
Besoss

Yolanda ha dit...

Los niños suelen sorprendernos con detalles que a muchos adultos les pasan inadvertidos. Pueden ser tiernos, cariñosos, imprevisibles... Su proceso de madurez tiene grandes altibajos. Mis alumnos de 6º nos dan bastantes quebraderos de cabeza con sus problemas personales y familiares, es difícil a veces entenderlos. El mero hecho de acercarse y preguntar ya dice mucho de ti, no todos los profesores lo hacen. No siempre los chavales cuentan lo que les pasa. Desde nuestra perspectiva de adultos sus contratiempos suelen parecernos naderías. Pasan de la risa al llanto sin motivo aparente, se enfadan por un comentario en apariencia trivial y con frecuencia resultan desconcertantes. A los mayores se nos ha olvidado cómo éramos a esa edad y ceemos, sin excepción, que no fuimos tan sensibles y ñoños y que, desde luego, nos hacían mucho menos caso. Ahora tienen la suerte de que muchos profesores atendemos bastante a sus demandas e intentamos comprenderles y ayudarles, gente como tú que sabe que ser maestro va mucho más allá de transmitir un puñado de conocimientos.
Un fuerte abrazo, Miguel.

Lourdes ha dit...

Ay, qué lástima! ¿No se te cayó el alma a los pies? Porque vamos, hasta ella sabía que te había preocupado a ti, y se sentía mal por ello.

De todas formas, mola que te acercaras a ella interesándote por su estado. Eso suelen agradecerlo mucho. Incluso pasados los años.


Besos, Miguel!!

Miguel ha dit...

Lore: Sin duda alguna el mundo sería mejor si nos escucháramos y comprendiéramos mejor. Esta niña me ha dado una lección.

Joselu: A mí también me pasa lo mismo que a ti. Estoy mucho mejor con los niños de primero que con los de segundo (y eso que se llegan apenas un año, pero la tontería adolescente ya ha prendido de lleno en ellos, en cambio en primero aún son niños por los cuatro costados. Y casi todos los días me encuentro con cositas tan humanas como la que narro aquí en el post. Pero, repito, podría escribir a diario vivencias de este tipo.

Vanessa: Efectivamente. Responsable y sensata. Un diez como persona.

Yolanda: Pero si es que los alumnos lo que buscan fundamentalmente en los adultos en general y en los profesores en particular no es otra cosa más que cariño. Cariño sin límites. El maestro que no sepa darlo que se dedique a otra cosa. Es así de simple y rotundo.

Lou: ¡Pues claro...! Si es que son... Pero hay que saber entrarles por el lado emocional. Si uno se encierra en el mundo de los adultos, no puede conectar con estas emociones infantiles.

María ha dit...

A veces MIGUEL, leyéndoos a algunos profes cosas tan preciosas como este detalle delicioso de Eva siento una envidia terrible de vuestra profesión, sé que tendrá muchos sin sabores, mucha ingratitud cuando os esforzáis tantísimo sin resultados visibles, pero supongo que estos instantes lo compensan todo... a mi si me pasa algo así, no hubiera podido reprimir darle un abrazo de los de espachurrarla enterita, pero qué cosa más rica, jo!

Como a ti por contárnoslo, hacerle un post ya demuestra lo que sentiste más que de sobra.


Muaaaaaaaaaakkkss!! inmeenso mi querido profe.

Miguel ha dit...

María: Pues sí, son esas cosas que cuando lo piensas, ya más en frío, te das cuenta de que en nuestra profesión hay algo más que programaciones, contenidos, objetivos y resultados para rellenar estadísticas...

María ha dit...

Se me han puesto los pelos de punta y el corazón en un puño, el que te haya pedido perdón Eva por haber estado toda la clase triste.

Un beso.

Miguel ha dit...

María: Es que lo niños y las niñas de esas edades son sinceros y muestran sus sentimientos sin ninguna cortapisa. En este aspecto son un encanto.

Luis Antonio ha dit...

Me ha encantado esta narración y el significado emotivo que encierra. Me alegra que hayas tenido una experiencia tan gratificante. Eso da alas y compensa...

Un abrazo

Miguel ha dit...

Luís Antonio: Pues sí, eso es cierto. Esto compensa días como el de hoy en que un niño y una niña de mi clase se han pegado...

Miguel ha dit...
L'autor ha suprimit aquest comentari.
Angie ha dit...

Miguel, he dado clase durante unos cuantos años a alumnos de 1º de ESO porque me parecen geniales. Llegan con un despiste inocente que cuando pasan a segundo curso ya han perdido. En algunos el cambio es espectacular.
También recuerdo un primero del que fui tutora donde habían hecho una selección de problemáticos y fue insufrible. Todavía conservo la Memoria de fin de curso de la tutoría con el número de partes que pusimos entre todos los profes.
Y este curso necesitaba cambiar, enseñar siempre lo mismo y no subir de nivel me acaba agobiando, así que este año tengo a mi querido grupo de segundo al que di clase en primero y, aunque ya despuntan, ahí estoy yo, para seguir afilando.

Mil anécdotas nos pasan con nuestros queridos alumnos.

Besos.

Miguel ha dit...

Angie: Te doy la razón en todo. La diferencia que hay entre primero y segundo es considerable. Mis mejores recuerdos están en los cursos de primero de ESO. En segundo ya es otra cosa, la verdad.

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