Después de treinta y cinco años de estar compartiendo pupitres, pizarra, tiza, ordenador, cañón, powerpoint, con alumnos y alumnas... me llega la jubilación.
Cientos, millares de vivencias se agolpan en mi mente. Yo las miro y las voy ordenando poco a poco. Son tantos los recuerdos, que embotan mi mente. Por eso, con el cuidado de un orfebre, trato de sacar brillo a estos dorados aconteceres que labraron mi vida como enseñante.
Tal vez sea bueno comenzar estas ensoñaciones por el principio.
Diciembre de 1983. Escuela "Mártires del magisterio" (Colegio Herrero) en Castellón. La clase es la de Don Alberto Más Usó. El curso es el 4º B. Don Alberto va a cumplir los sesenta y cinco años. A final de mes se jubila. La administración ha tenido a bien que yo comparta la clase con Don Alberto este mes. El último para él, el primero para mí.
Ahí empezó todo. Don Alberto se jubiló el día que empezaban las vacaciones de Navidad. Justo el mismo día que yo (35 años después). La vida, a veces, te hace un guiño, y uno no puede por menos que sonreír sin saber bien por qué...
En estas tres décadas largas de enseñar a los niños a ser mejores personas han pasado muchas cosas. La mayoría buenas. Por eso ahora me voy feliz. Con la sensación de haber hecho lo que buenamente podía.
Como dije, empecé en Castellón, luego fui al Grao de Castellón, Almassora, Alcora, Cabanes, Villafamés, Quesa, Oropesa y finalmente llegué donde iba a jubilarme: a Benicàssim. Al IES "Violant de Casalduch". Allí pasé veintiún años.
Me voy de las aulas feliz. Sin prisa, y sin apremios. Dejo la enseñanza con la ilusión pueril de descubrir otro mundo. Otro mundo que quizá me esté esperando para compartir conmigo el resto de mis días. Son días mágicos y emocionantes. Jornadas en que no me canso de dar las gracias a todos y todas por haber estado conmigo. Y en estos momentos en que las palabras se hacen cortas para expresar los sentimientos que uno siente, quisiera irme diciendo simplemente que fue bonito mientras duró. El mundo de la enseñanza sigue y seguirá. Un mundo mejor, quiero pensar, les espera a los jóvenes profesionales que tomarán el relevo. A todos ellos y ellas (y el alumnado, por supuesto) me gustaría dedicar esta despedida.
En estas tres décadas largas de enseñar a los niños a ser mejores personas han pasado muchas cosas. La mayoría buenas. Por eso ahora me voy feliz. Con la sensación de haber hecho lo que buenamente podía.
Como dije, empecé en Castellón, luego fui al Grao de Castellón, Almassora, Alcora, Cabanes, Villafamés, Quesa, Oropesa y finalmente llegué donde iba a jubilarme: a Benicàssim. Al IES "Violant de Casalduch". Allí pasé veintiún años.
Me voy de las aulas feliz. Sin prisa, y sin apremios. Dejo la enseñanza con la ilusión pueril de descubrir otro mundo. Otro mundo que quizá me esté esperando para compartir conmigo el resto de mis días. Son días mágicos y emocionantes. Jornadas en que no me canso de dar las gracias a todos y todas por haber estado conmigo. Y en estos momentos en que las palabras se hacen cortas para expresar los sentimientos que uno siente, quisiera irme diciendo simplemente que fue bonito mientras duró. El mundo de la enseñanza sigue y seguirá. Un mundo mejor, quiero pensar, les espera a los jóvenes profesionales que tomarán el relevo. A todos ellos y ellas (y el alumnado, por supuesto) me gustaría dedicar esta despedida.