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El maniquí



En el escaparate había un maniquí muy serio vestido con un contundente mono azul. Tenía la mirada altiva y el rostro sereno. La tez morena y los ojos de un azul indefinido. Parecía que miraba a la gente que pasaba junto a él.
No siempre llevaba el mismo vestido. A veces le cambiaban el mono azul por otro color caqui. Incluso hubo un tiempo que iba tocado con una bata blanca. Parecía un médico.
El maniquí era alto y fornido.
Los brazos en jarra, la cabeza ligeramente levantada, y las piernas, una ligeramente adelantada a la otra, hacían concebir en aquella estatua de plástico un irreal e inquietante movimiento.
Pero él no se movía. Estaba perpetuamente quieto. Condenado eternamente a un atroz reposo. Cumpliendo perfectamente su misión de maniquí.
Una tarde, cuando el dueño de la tienda fue a cerrar, se dio cuenta que el maniquí no estaba.
Alguien lo había robado. Había desaparecido con su mono azul y su gorro de paja que graciosamente le había puesto la hija del dueño.
Pero quién puede robar un maniquí. Se rió al pensar que en una canción de Joan Manuel Serrat que se llama “de cartón piedra” sí que hay un demente que roba una maniquí. Pero esto es literatura. Esto no pasa en la realidad. Y la realidad no era más que esta: el maniquí no estaba en el escaparate. Alguien se lo había llevado.
La puerta estuvo abierta toda la tarde. Es posible que algún gamberro entrara furtivamente y se lo llevara. ¡Quién sabe! y ¡Qué más da!  Comprarían otro y caso cerrado.
Una tarde lluviosa del mes de mayo alguien entró silenciosamente en el establecimiento. Llevaba un mono azul y un sombrero de paja. Tanto el sombrero como el mono estaban mojados por la persistente lluvia. El recién llegado, sin decir esta boca es mía, se dirigió hacia el escaparate y se quedó allí. Y allí quedó quieto.
El dueño del comercio y su hija quedaron sorprendidos. Y más aún cuando creyeron oír una neutra voz que dijo:
-Es que ya estaba harto de tanta lluvia… 


14 comentaris:

Bertha ha dit...

Ellos que pensaban que el maniquí ni se enteraba y que se lo habían robado.Quien iba a pensar que se fugó y después regresa tan ricamente :me imagino la sorpresa, a veces estas figuras de tamaño real parecen que en un momento se van a mover y es que los hacen a semejanza de una persona.

Me he alegrado y mucho , por saber que aun sigues cosechando esa ironía y sentido del humor que tanta falta nos hace y más a esta altura de curso.-Yo si que me fugaría pero a otro lugar unos cuantos meses:))

Un abrazo Miguel feliz finde.

RECOMENZAR ha dit...

Hay magia cuando escribes tus letras Saludos desde Miami

María ha dit...

jaja mi querido MIGUEL ( ¡qué bien que has vuelto a casa ! como tu maniquí ;) leí el final dos veces porque no me enteré de lo que había ocurrido. No sabia si había entrado un cliente chorreando de lluvia vestido como el maniquí o como finalmente entendí, fue el maniquí el que regresó tras darse una vuelta por el mundo real, al escaparate, harto de lluvia ; )

¿Sabes lo que resulta casi mágico de tu tranquila forma de escribir? que uno se confía en tus letras, con ese toque tan tuyo de recrearte en la cotidianidad de los detalles, convenidos de que no va a ocurrir nada extraordinario o fuera de lo normalidad previsible y ahí, cuando ya nos tienes absolutamente embaucados jaja parece lo más lógico y natural que un maniquí regrese tras darse una vuelta bajo la lluvia al escaparte, tan pancho. Como si contagiaras de cotidiana normalidad lo más increíble y extraordinario ¡enhorabuena profe! ;)

Muchos besos MIGUEL, ale! ve a secarte, que debes estar calado jajaja

Muy feliz finde !!

María ha dit...

Quise decir CONVENCIDOS no convenidos ;)

Lourdes ha dit...

Es que el trabajo de maniquí es taaaaaaaaaaaaaaan aburrido, que a ratos la criatura tiene que salir a "despejarse" una mijica.
:)


Besos, Miguel!!

Joselu ha dit...

Hay un vídeo que no sé si conocerás muy inquietante. ALMA

Un buen relato con final sorpresivo.

¡Qué bueno leerte, Miguel!

Un abrazo.

TORO SALVAJE ha dit...

Tu imaginación y creatividad son espléndidas.
Me ha encantado.

Saludos sin lluvia.

Miguel ha dit...

Bertha: El mundo real, está claro, no acabó de gustarle al maniquí. Mejor quedarse ahí tranquilito viendo la vida pasar desde su escaparate.

Recomenzar: La magia está ahí. Yo ni quito ni pongo.

María: Me ha encantado tu comentario, María. Es cierto lo que dices. La realidad, a veces (muchas veces) es mágica y nos sorprende. El maniquí es real, pero vive en un mundo raro. Sin emociones, sin cuitas, sin imaginación, sin peligros... pero cuando se hace la idea de ir al mundo real para disfrutar de todo ello, se da cuenta que la vida paga un peaje. Este maniquí prefirió no pagarlo.

Lou: Está en su derecho ¿no? Lo que pasa es que parece ser que no le gustó la experiencia...

Joselu: Conozco, conozco el corto. Es más, se lo puse hace tres o cuatro años al grupo que tenía de Atención Educativa y les impactó. Y a mí también. Es ciertamente impactante. Me gusta. Me gustan estas realidades que están en el límite de la realidad (y que no son reales, claro) Como le pasó al bueno de mi maniquí. Tan ricamente como estaba allí en su atalaya, mirando todo, al resguardo de todo, al mimo de sus dueños... y no se le ocurre otra cosa que saltar al vacío y venirse a nuestro mundo. Un mundo maravilloso lleno de emociones (buenas y malas) y sensaciones (buenas y malas)... el maniquí, ya lo veis, prefirió volver a su escaparate.

Toro: Gracias por tu comentario. Como suele decirse, uno hace lo que puede...

Yolanda ha dit...

¡Qué bueno, colega! Me encanta este microrrelato lleno de imaginación y humor. La realidad tiene múltiples caras y no las conocemos todas. ¿No te parece que muchos personjes públicos o anónimos parecen de plástico o de cartón, empezando por las mujeres operadas por delante y por detrás, con unos labios horribles y totalmente inexpresivas, pero clónicas? ¿Y si son robots de última generación o maniquís escapados de un escaparate? Porque reales, lo que se dice reales, no parecen, creo yo.
Ya te queda poco, pero es lo peor, al menos lo más trabajoso del curso según lo recuerdo yo. Cuídate. Un abrazo.

Miguel ha dit...

Yolanda: Este maniquí que desaparece de su escaparate representa el deseo humano de huir de la realidad. Cuando esto sucede, el resultado es fatal. Solo se puede huir de la realidad con la imaginación, que no es poco. Pero nuestro sitio está en el escaparate, si no, nos mojaremos.
Pues sí, querida colega, esto se acaba, no hay quien lo pare. Estoy dando los últimos retoques a los últimos temas... y a evaluar, que es lo más costoso.

Luis Antonio ha dit...

El maniquí estaba, más que aburrido, hastiado. Siempre en la misma postura y aguantando miradas indiscretas, decidió salir de aquel habitáculo en busca del cambio y de la aventura. Sin embargo, lo que le deparó la vida callejera era peor de lo que había imaginado. Volver al punto de partida era inevitable a falta de otra alternativa...

Una interesante metáfora sobre la vida y el espacio en que nos desenvolvemos...

Un fuerte abrazo, Miguel

Miguel ha dit...

Luís Antonio: Pues sí esto es lo que hizo el maniquí. A veces, los humanos no valoramos suficientemente el mundo irreal. La fantasía. La imaginación. Esas otras realidades que convierten la realidad en algo maravilloso.

Myriam ha dit...

Es que no hay nada mejor que regresar
a casa y ponerse de vuelta en el escaparate,
a resguardo de las lluvias.
Otra cosa hubiera sido si hubiera podido
entonar en compañía, Singing in The rain!

Besos, Miguel
Que bueno que has regresado.

Miguel ha dit...

Myriam: El regreso es algo que hay que saber gestionar. El maniquí lo gestionó bien.

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