
Nautika, la musa de los blogs, descubierta por Ana, de divina sonrisa, y sus discípulos, (para quien no lo sepa) nunca descansa, y nos abraza con sus etéreos tentáculos y sus cálidas manos cuando menos te lo esperas.
Así han actuado siempre las musas. Es inútil reclamarlas. Te desoirán e irán a la suya. Mirarán hacia otro lado y no te mandarán sus fecundos rayos inspiradores. Pero de pronto, en cuanto menos te lo esperas, en un momento, en un lugar… en un pispas, surge como de la nada una situación que a ella, la divina musa, le parece propicia, y Nautika, que no descansa y todo lo ve y todo lo sabe, irremisiblemente te manda con divina dulzura su hipnótica mirada y uno sucumbe a su encanto.
Entonces, los mortales dedos del blogero, presos de esta inspiración divina, obedecen al corazón desbocado que palpita felizmente y con compás armonioso, y se deslizan con vertiginosa velocidad y sensato recato por el teclado de su ordenador. Y las frases brotan fáciles, diáfanas. Y los pensamientos, incluso aquellos más recónditos que con proverbial timidez se escondían en un rincón del alma, salen a la luz. Es Nautika, la musa de los blogs, la que los reclama. Y nace un post.
Y yo, que acabo de encender mi ordenador para pasar un examen de Sociales, víctima de los artificios de Nautika, me veo envuelto en un raro post en el que no cuento nada y no sé a quién pueda interesar, pero… amigos… Nautika es irresistible.
Así han actuado siempre las musas. Es inútil reclamarlas. Te desoirán e irán a la suya. Mirarán hacia otro lado y no te mandarán sus fecundos rayos inspiradores. Pero de pronto, en cuanto menos te lo esperas, en un momento, en un lugar… en un pispas, surge como de la nada una situación que a ella, la divina musa, le parece propicia, y Nautika, que no descansa y todo lo ve y todo lo sabe, irremisiblemente te manda con divina dulzura su hipnótica mirada y uno sucumbe a su encanto.
Entonces, los mortales dedos del blogero, presos de esta inspiración divina, obedecen al corazón desbocado que palpita felizmente y con compás armonioso, y se deslizan con vertiginosa velocidad y sensato recato por el teclado de su ordenador. Y las frases brotan fáciles, diáfanas. Y los pensamientos, incluso aquellos más recónditos que con proverbial timidez se escondían en un rincón del alma, salen a la luz. Es Nautika, la musa de los blogs, la que los reclama. Y nace un post.
Y yo, que acabo de encender mi ordenador para pasar un examen de Sociales, víctima de los artificios de Nautika, me veo envuelto en un raro post en el que no cuento nada y no sé a quién pueda interesar, pero… amigos… Nautika es irresistible.
