Ayer dejé a mitad un libro. No me gustaba. Lo empecé con mucha ilusión, pero me aburría. Y lo tuve que dejar. Mi mujer advirtió mi abandono. Le dije que me estaba resultando muy pesado, que no quería seguir leyéndolo, que iba a por otro. Mi mujer se quedó seria. Y sentenció: “Yo nunca dejo un libro a medias. Yo siempre que empiezo un libro, lo termino.” Es verdad. Y es verdad también que yo suelo dejar los libros que no me “enganchan” sin acabar de leerlos. Sin más preámbulos. Y en seguida, voy en busca de otro. Y si hablamos de películas, lo mismo. Y así, en todo.
Pero esa simple cuestión va más allá de la pura anécdota. Es que mi mujer cuando empieza un crucigrama, no lo deja hasta que no queda ni una casilla por rellenar. Yo, las pocas veces que empiezo uno, lo suelo dejar sin terminar. Tengo librillos de esos de crucigramas con decenas de crucigramas empezados, y no acabados. Pero si me pongo a pensar, también diré que tengo un montón de proyectos empezados y no terminados. Y es que no soy constante (algunos a la persona constante le llaman cabezota). Me gusta ir de aquí a allá. Un poquito de eso, un poquito de lo otro. Y si algún escollo entorpece seriamente el ritmo de trabajo, pues se aparca el proyecto sine die.
Ya sé que la constancia es una virtud. Ser constante te abre muchas puertas, porque “el que la sigue la consigue” según reza el refrán. Y al revés. Pero esa asignatura, la de la constancia, es una materia que la llevo desde hace años para septiembre y algún día puede que la apruebe…
¿… y vosotros, sois constantes en vuestras actividades, o los obstáculos os hacen abandonar el proyecto?
Pero esa simple cuestión va más allá de la pura anécdota. Es que mi mujer cuando empieza un crucigrama, no lo deja hasta que no queda ni una casilla por rellenar. Yo, las pocas veces que empiezo uno, lo suelo dejar sin terminar. Tengo librillos de esos de crucigramas con decenas de crucigramas empezados, y no acabados. Pero si me pongo a pensar, también diré que tengo un montón de proyectos empezados y no terminados. Y es que no soy constante (algunos a la persona constante le llaman cabezota). Me gusta ir de aquí a allá. Un poquito de eso, un poquito de lo otro. Y si algún escollo entorpece seriamente el ritmo de trabajo, pues se aparca el proyecto sine die.
Ya sé que la constancia es una virtud. Ser constante te abre muchas puertas, porque “el que la sigue la consigue” según reza el refrán. Y al revés. Pero esa asignatura, la de la constancia, es una materia que la llevo desde hace años para septiembre y algún día puede que la apruebe…
¿… y vosotros, sois constantes en vuestras actividades, o los obstáculos os hacen abandonar el proyecto?
