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Momentos idílicos



Momentos idílicos son aquellos en los que determinadas circunstancias mundanas que de por sí no tienen nada de especial te hacen sentir feliz. Y cada vez que vuelves a estos momentos, la felicidad se repite. Parece ser una fuente inagotable de felicidad. Una fuente que por más que manen de ella gotas llenas de felices momentos nunca se acaba. Y por ello se vuelve a ella una y otra vez.
Cada uno tiene su fuente secreta, que le proporciona gotas de cálida ventura que regalan bienestar a manos llenas y felices ganas de vivir.
A lo mejor, algún día, casi sin querer, decimos a alguien que tenemos un lugar, un momento, un rincón, donde nos encontramos cara a cara con la felicidad. A lo mejor no lo decimos nunca. Y es un secreto entre nosotros y nuestra alma.
Hoy me gustaría compartir con vosotros y vosotras ese pedacito de cielo que el ciego destino tiene a bien obsequiarme de vez en cuando, así, como quien no hace la cosa, y que yo lo recibo como un auténtico don de los dioses…
Es cuando los sábados, después de fregar, me dispongo a hacer la siesta. Me llevo mi colección de facsímiles del Capitán Trueno y leo un cuadernillo. Hay veces que el sueño me atrapa rápidamente y a penas puedo leerlo entero, otras lo termino y cojo otro libro; pero pronto Morfeo me abraza y caigo rendido en sus brazos…
Otras veces es cuando estoy frente al ordenador escribiendo un post o alguna otra cosa y en mi equipo de música (fiel hasta extremos insospechados) me regala notas musicales de esas que me hacen soñar…
También pudieran ser aquellos días (mejor, noches) en que el frío es el protagonista. Y cuando llega la hora de ir a la cama, nos arrebujamos mi mujer y yo, hechos un ovillo de piernas y brazos y alientos entremezclados, y esperamos entre este tibio calor humano que el sueño dé paso a otra cosa.
Es cuando me sumerjo en la lectura de un libro que me tiene atrapado desde que lo empecé.
Es cuando veo (a lo mejor por enésima vez) en la tele una de esas películas que me fascinan.
Es cuando mis alumnos me demuestran que están a gusto conmigo.
Es cuando miro el blog y veo que hay nuevos comentarios.
Es cuando viene mi hija con su perrita Lluna a vernos.
Es cuando vamos de viaje a Andorra (vamos todos los años por navidades) y paramos a comer en Organyà (qué frío) a “Cal Jesús”, donde hacen unos “rovellons” y unas carnes a la brasa que están divinos.
Es cuando en verano, a primera hora, me voy a pasear solo por la orilla de la playa…
…y tantos otros momentos…
…y vosotros y vosotras, ¿tenéis también momentos idílicos que os gustaría compartir con todos?

1 de enero


Esta noche ha tenido lugar el tránsito a un año nuevo. Y no ha pasado nada reseñable. Todo ha discurrido por los cauces previstos. Mejor así. A veces, estos saltos resultan traumáticos, y este paso anual se salda con más de una secuela que hubiera sido evitable. Y es que no bastan las doce uvas, ni el sincronismo con las campanadas, ni el pertinente brindis con cava o champán, o los fríos besos de rigor…
Cuando arrancamos la última hoja del almanaque, un vacío atroz se muestra ante nosotros. Tal vez esta última hoja contenga una máxima, o un consejo, o un chascarrillo, pero en cualquiera de los casos, tras su lectura, nuestra mente se queda desnuda ante el calendario. No más hojas. El soporte de madera rematado por dos anillas metálicas se ha quedado vacío. Sólo por unos instantes. Porque raudos nos ocuparemos en colocar el reluciente taco del año nuevo. Pero mientras tanto, han pasado unos segundos. Un tiempo sin calendario. Un tiempo sin control temporal. Y esto puede llegar a ser peligroso. Muchos no lo saben, pero entre el día 31 de diciembre y el día 1 de enero pasan cosas raras. Cosas que no se contemplan en ningún anuario ni en ningún calendario. Es un tiempo libre y fugaz que no todos saben vivirlo. Hay personas que ni siquiera se dan cuenta. Yo sí que me doy cuenta. Y por eso, todos los años, por estas fechas, me preparo para este trámite. No es fácil. No lo es porque los acontecimientos se precipitan. Y nos obligan a estar pendientes de todos los ritos mundanos que están especialmente establecidos para estos casos. Pero en mi mente dejo un rinconcito para soñar en este pedacito de no tiempo que transcurre implacable al margen de todos los calendarios del mundo. Y siempre los resultados son satisfactorios.
Hoy estoy feliz porque desde anoche estamos inmersos en un año nuevo. Y el año no ha sufrido desamparo en ningún momento porque muchas personas han asistido a este tránsito con las debidas precauciones. Y estamos en condiciones de desear tranquilamente un feliz año 2011 a todos y todas.

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