Hoy hemos ido a ver a mi madre. Todas
las semanas vamos a hacerle una visita, pero hoy además, hemos aprovechado para
cambiarle la hora a los relojes, y es que desde que se murió mi padre hace poco
más de ocho años, esta tarea la realizamos nosotros.
Había un reloj que estaba parado. Hay que
cambiarle la pila. Me voy al cajón donde mi madre guarda las pilas y no las
encuentro. Remuevo un poco los cachivaches y papeles que hay allí y descubro
algo que me deja patidifuso. Es un paquete de tabaco sin abrir. Un ducados.
Pero un ducados de los de antes. Ni qué decir tiene que mi madre no fuma. Ni mi
mujer, ni mi hija, ni yo.
Cojo el paquete y advierto que
hay escrita con bolígrafo una fecha: 12 de enero de 1993. Aguzo la vista y
adivino en aquellos trazos la caligrafía de mi padre. Él lo había escrito,
seguro.
Le pregunto a mi madre. No sabe
nada del paquete. Mi mujer, en cambio, acierta a poner luz en el misterio: “creo
que esta es la fecha en que tu padre se dejó de fumar.” Es verdad, tiene razón
mi mujer; ahora me acuerdo… mi padre quiso sellar sobre aquel inmaculado
paquete de ducados su decisión de no volver a abrir jamás un paquete de tabaco.
Y allí estaba la prueba. Y este paquete no se abrirá ya nunca más…
…y yo lo guardaré para siempre.
