ERA UN NIÑO QUE SOÑABA 
UN CABALLO DE CARTÓN.
ABRIÓ LOS OJOS EL NIÑO
Y EL CABALLITO NO VIO.
… … … … … … … … … …
QUEDÓSE EL NIÑO MUY SERIO
PENSANDO QUE NO ES VERDAD
UN CABALLITO SOÑADO.
… … … … … … … … … …
CUANDO EL MOZO SE HIZO VIEJO
PENSABA: TODO ES SOÑAR,
EL CABALLITO SOÑADO
Y EL CABALLO DE VERDAD.
Antonio Machado (fragmento)
Nos pasamos media vida soñando. La otra media…también. Si hacemos caso a Machado, toda la vida nos la pasamos soñando. También Calderón en su “La vida es sueño” nos dijo aquello de “Que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son”. Por eso ¡ay de aquél que no sepa soñar…! la felicidad le será esquiva porque la realidad le abrumará y le despistará hasta hacerle su esclavo. Hemos de aprender a soñar. Yo estoy en ello, pero aún me falta mucho, muchísimo, para ser un soñador. A veces, lo confieso, la realidad me agobia, y cualquier pequeñez, cualquier chorrada, se incrusta en mi vida y me impide soñar. Me hace confundir los sueños con la realidad. Y me siento mal porque nunca, nunca, se ha de mezclar lo soñado con lo real. Son dos cosas distintas y discordantes. Y hay que aprender a compaginarlas, porque en el fondo, para un soñador, son lo mismo. Por eso hay que saber soñar.

UN CABALLO DE CARTÓN.
ABRIÓ LOS OJOS EL NIÑO
Y EL CABALLITO NO VIO.
… … … … … … … … … …
QUEDÓSE EL NIÑO MUY SERIO
PENSANDO QUE NO ES VERDAD
UN CABALLITO SOÑADO.
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CUANDO EL MOZO SE HIZO VIEJO
PENSABA: TODO ES SOÑAR,
EL CABALLITO SOÑADO
Y EL CABALLO DE VERDAD.
Antonio Machado (fragmento)
Nos pasamos media vida soñando. La otra media…también. Si hacemos caso a Machado, toda la vida nos la pasamos soñando. También Calderón en su “La vida es sueño” nos dijo aquello de “Que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son”. Por eso ¡ay de aquél que no sepa soñar…! la felicidad le será esquiva porque la realidad le abrumará y le despistará hasta hacerle su esclavo. Hemos de aprender a soñar. Yo estoy en ello, pero aún me falta mucho, muchísimo, para ser un soñador. A veces, lo confieso, la realidad me agobia, y cualquier pequeñez, cualquier chorrada, se incrusta en mi vida y me impide soñar. Me hace confundir los sueños con la realidad. Y me siento mal porque nunca, nunca, se ha de mezclar lo soñado con lo real. Son dos cosas distintas y discordantes. Y hay que aprender a compaginarlas, porque en el fondo, para un soñador, son lo mismo. Por eso hay que saber soñar.
Hay quien asegura con firmeza que los sueños son realidades por el simple hecho de existir. Por definición, todo lo que existe es real. Irreal sería aquello que ni siquiera se puede soñar. Entonces, el mundo de los sueños existe, es real. Podemos transitar por él con todas las garantías vitales necesarias.
Pero cuidado, no alucinemos. La realidad soñada ya hemos dicho que existe, pero no será un auténtico soñador aquel que sueñe con cosas no sujetas al mundo del orden, del equilibrio. Al mundo de los sentidos y los posibles. A nuestro mundo. No podemos crear un mundo nuevo sometido a nuestras propias leyes. No somos dioses.
La imaginación es la mejor aliada de los sueños. Y la nostalgia, el recuerdo y la memoria sus amigos más fieles. Todos ellos, bien dispuestos, contribuyen a crear sueños, infinitos sueños, que llenan nuestra mente y nos hacen soñar. Y nos permiten afirmar como decía Machado que “todo es soñar/ el caballito soñado/y el caballo de verdad.”
