La meva llista de blogs

Aprendiz de soñador

ERA UN NIÑO QUE SOÑABA
UN CABALLO DE CARTÓN.
ABRIÓ LOS OJOS EL NIÑO
Y EL CABALLITO NO VIO.
… … … … … … … … … …

QUEDÓSE EL NIÑO MUY SERIO
PENSANDO QUE NO ES VERDAD
UN CABALLITO SOÑADO.
… … … … … … … … … …

CUANDO EL MOZO SE HIZO VIEJO
PENSABA: TODO ES SOÑAR,
EL CABALLITO SOÑADO
Y EL CABALLO DE VERDAD.

Antonio Machado (fragmento)

Nos pasamos media vida soñando. La otra media…también. Si hacemos caso a Machado, toda la vida nos la pasamos soñando. También Calderón en su “La vida es sueño” nos dijo aquello de “Que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son”. Por eso ¡ay de aquél que no sepa soñar…! la felicidad le será esquiva porque la realidad le abrumará y le despistará hasta hacerle su esclavo. Hemos de aprender a soñar. Yo estoy en ello, pero aún me falta mucho, muchísimo, para ser un soñador. A veces, lo confieso, la realidad me agobia, y cualquier pequeñez, cualquier chorrada, se incrusta en mi vida y me impide soñar. Me hace confundir los sueños con la realidad. Y me siento mal porque nunca, nunca, se ha de mezclar lo soñado con lo real. Son dos cosas distintas y discordantes. Y hay que aprender a compaginarlas, porque en el fondo, para un soñador, son lo mismo. Por eso hay que saber soñar.

Hay quien asegura con firmeza que los sueños son realidades por el simple hecho de existir. Por definición, todo lo que existe es real. Irreal sería aquello que ni siquiera se puede soñar. Entonces, el mundo de los sueños existe, es real. Podemos transitar por él con todas las garantías vitales necesarias.

Pero cuidado, no alucinemos. La realidad soñada ya hemos dicho que existe, pero no será un auténtico soñador aquel que sueñe con cosas no sujetas al mundo del orden, del equilibrio. Al mundo de los sentidos y los posibles. A nuestro mundo. No podemos crear un mundo nuevo sometido a nuestras propias leyes. No somos dioses.

La imaginación es la mejor aliada de los sueños. Y la nostalgia, el recuerdo y la memoria sus amigos más fieles. Todos ellos, bien dispuestos, contribuyen a crear sueños, infinitos sueños, que llenan nuestra mente y nos hacen soñar. Y nos permiten afirmar como decía Machado que “todo es soñar/ el caballito soñado/y el caballo de verdad.”


Lluvia sobre la ciudad


Cae la lluvia sobre la ciudad. Serena y disciplinadamente las finas gotas de lluvia inundan las calles de la ciudad. El aire se ha pintado de gris. Desde el frío vidrio de mi ventana miro la lluvia. Algunas gotas repiquetean sobre el cristal, y dejan una señal acuosa que es engullida por el cálido vaho de mi respiración.
La acompasada lluvia envuelve los árboles que hay cerca de mi casa. No hay ni una brizna de viento. La calma es total. Sus hojas, quietas, parecen alegrarse de esta cadenciosa llovizna y, relucientes, se dejan mojar en silencio. Un jilguero se ha escondido bajo el abrigo de una hoja. La hoja, al insistente golpeteo de las gotitas, se mueve con rítmica suavidad. El pájaro mira a un lado y a otro moviendo nerviosamente su cuello. Está mirando como cae la lluvia. Como yo.
La gente, protegida por los paraguas, circula con premura por la calle. Debe hacer frío en la calle. Tras la ventana de mi habitación he dejado escapar un estremecimiento de complacencia mientras me ceñía un poco más mi batín.
Los coches no dejan de pasar. Sus limpiaparabrisas funcionan con toda naturalidad. Las gotitas de lluvia impregnan efímeramente el cristal del coche en cada barrida de estos artilugios.
La lluvia está adquiriendo consistencia. Parece que ahora llueve con más intensidad. El jilguero se ha asustado y se ha marchado.
Si miro al cielo lo veo todo rayado de larguísimas gotas que caen con estrépito en el suelo. En la acera y en la calzada se va acumulando agua. Cuando pasa un coche levanta una gran polvareda blanca como las olas del mar. Pero inmediatamente la lluvia pone orden y deshace el camino que por un momento me ha evocado el mar.
Las gotas de lluvia ahora caen con violencia sobre el mojado suelo lleno ya de charcos. Cada una de las gotas al caer dibuja una aguja de agua y un fugaz redondel que por momentos hacen pensar en un idílico jardín.
Mientras la lluvia sigue cayendo sobre la ciudad la tarde se ha difuminado y una penumbra rotunda anuncia la noche. Y yo, desde mi ventana, miraré la lluvia y pensaré dónde habrá podido ir aquel jilguero…

Seguidors