La meva llista de blogs

Gratitud


Alcanzar la felicidad es el más firme y antiguo anhelo del ser humano. La mayoría de las veces la felicidad se nos muestra como un pájaro esquivo y engañoso. Los caminos que nos llevan hasta ella no siempre son claros y concisos, sino que, a menudo, son enrevesados y raros. Vivimos en una sociedad que no fomenta ni valora las virtudes clásicas de la especie humana. Y no las valora porque no son productivas. Pero os puedo asegurar que la felicidad se esconde detrás de cada una de las virtudes. La persona virtuosa es una persona feliz. Hay pues, que cultivar esas virtudes.

La gratitud es una virtud. Dice el refrán que “de bien nacido es el ser agradecido”. Y es verdad. Pero hay más, la persona agradecida es feliz.
¡Hay tantas cosas por las que estar agradecido! La preciosa canción “Gracias a la vida” de Violeta Parra encierra toda una filosofía sobre la felicidad basada en el agradecimiento. La autora de la canción da gracias a la vida porque le ha dado los ojos con que mirar, la risa con que reír, el llanto con que llorar… le ha dado todo…
Pero hay algunas actitudes humanas que pueden enmascarar y suprimir esta fuente de felicidad que es la persona agradecida. Me refiero a la ambición y a la soberbia. La persona ambiciosa no puede ser feliz. Porque no puede dar gracias por lo que tiene, pues siempre le parece insuficiente. Y la persona soberbia piensa que no debe dar las gracias a nadie ni a nada porque todo lo que ha conseguido ha sido fruto de su esfuerzo y trabajo.
En el lado opuesto está la persona agradecida. Aquella que piensa que el mundo está siempre a su favor, y pendiente de ella y le ofrece en bandeja la posibilidad de ser feliz. Aquella que nada ambiciona porque gracias a la vida tiene una casa y una familia y un trabajo y una salud que le permite vivir la vida cada día dentro de su ámbito.
Así pues, yo propongo desde aquí que hagamos un ejercicio de gratitud. Que hagamos recuento de las cosas que tenemos gracias a la vida, y de las personas que a lo largo de nuestra vida nos han ido dando cariño, amistad y amor. Si pensamos, veremos que sí tenemos motivos para estar agradecidos, y para ser felices.

El regreso


Estamos a mediados de septiembre. Son las primeras horas de la tarde. El cielo se ha vuelto plomizo. Un viento fresco y huidizo ha desgarrado las pugnaces nubes que tapan el sol. La gente camina presurosa por la calle. Un aire ceniciento desgreña los cabellos y eriza el vello. Los viandantes corren raudos en busca de refugio. Se avecina tormenta.
Yo, detrás de los cristales del balcón de mi apartamento, miro la mar. Olas ocres y crispadas revientan en furioso blanco inmaculado frente a la orilla desierta.
Todos los años, lo mismo. El verano, casi sin darnos cuenta, se va diluyendo poco a poco para dejar paso a la nueva estación.
Una tormenta como la que se esta fraguando hoy es la señal. Después ya nada será igual. El otoño, despacito y sin hacer demasiado ruido, se introducirá en nuestro paisaje.
Es un tiempo de cambio. Esta misma semana haremos las maletas y volveremos a Castellón. Ha sido un verano provechoso, luminoso y amable. Nuestro apartamento se quedará otra vez solo. Frío y gris. A la espera de las primeras acometidas del próximo verano.
En Castellón ya hay mucha gente. Prácticamente todos han regresado o se irán antes de que se acabe el mes de septiembre. Benicàssim, nuestro querido pueblo de veraneo, se está quedando vacío.
El ayuntamiento de Castellón, como todos los años, preparará sus festejos de vuelta a la ciudad. La ciudad recuperará la población que había salido en junio hacia la playa.
Es la costumbre en estas tierras levantinas. Castellón, con la llegada del verano, asiste al éxodo hacia la cercana costa playera; y ahora que estas voluptuosas nubes con su metálica textura amenazan con desplegar una tupida cortina de lluvia sobre la despoblada playa, uno piensa que ha llegado al final. El veraneo se ha acabado.
Y mientras escribo estas letras, unas rabiosas gotas de lluvia empiezan a caer atropelladamente sobre la playa…

Seguidors